Carlos Taibo cree que por mucho que los medios de comunicación prefieran ignorarlo, lo que sucedió en Georgia, Ucrania y Kirguizistán (en noviembre de 2003, diciembre de 2004 y marzo de 2005, respectivamente) ha sido un auténtico fiasco naranja, y no el cuento de hadas que hablaba de una estimulante democratización, del rápido asentamiento del mercado y de la pronta aproximación al mundo occidental. He aquí cinco razones que, según Taibo, invitan a cancelar cualquier suerte de optimismo sobre la región.
Mercedes Herrero analiza por qué se ha producido la victoria de Alyaksandr Lukashenko en Bielorrusia y explica que tiene que ver con el liderazgo del presidente sobre determinados sectores de la sociedad, la recuperación económica, con la consiguiente mejora del nivel de vida y, sobre todo, el fuerte hostigamiento al que está sometida la oposición, que ni siquiera cuenta con representación parlamentaria. Herrero cree que para los bielorrusos, la supuesta revolución azul está aún por llegar.
Javier Jordán analiza los resultados de las investigaciones del juez español Juan del Olmo, a cargo de las investigaciones de los atentados del 11 de marzo en Madrid, publicados recientemente, y afirma que la autoría intelectual de los atentados continúa siendo una de las principales incógnitas de la investigación judicial.
Piero Ignazi analiza la política exterior italiana y dice que desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Italia ha estado orientada a dos ejes: la lealtad a la OTAN y a Estados Unidos, por una parte; y a una activa y servicial participación en el proceso de integración europea, por el otro. Ignazi cree que la elite política italiana siguió estos dos caminos sin ninguna preferencia o primacía de una fuerza sobre la otra; pero que con el gobierno de centro-derecha, liderado desde 2001 por Silvio Berlusconi, se ha roto esta dicotomía instaurando una nueva dirección en política exterior. La gran pregunta ahora es: ¿qué sucederá después de las elecciones?
Sagrario Morán explica que el terrorismo yihadista ha relevado al terrorismo de carácter local y nacionalista dejándole fuera de juego, más aún tras la reciente declaración de cese del fuego definitivo de ETA, que aquí se analiza. Morán cree que la lucha contra el terrorismo internacional, o contra los Estados que patrocinan el terrorismo, se ha convertido en el primer punto de la agenda global.
Casimiro García Abadillo cree que el alto el fuego permanente declarado por ETA es, sin duda, una buena noticia, y que será una victoria completa de la democracia si la gestión del proceso de paz se lleva a cabo preservando los cimientos del Estado de derecho. García Abadillo pide al Partido Socialista y al Partido Popular que dejen los partidismos de lado. Y aclara que no se acabará con una pesadilla de casi 40 años en sólo unas semanas: hay que tener paciencia, pero, sobre todo, convicciones.
Sagrario Morán analiza la última tregua permanente de ETA y cree que lo realmente nuevo y esperanzador es que se ha declarado tras un periodo prolongado de más de 1.000 días sin atentados mortales, con una banda debilitada por la eficacia policial y judicial, y con una militancia cada vez más deseosa de entrar en el juego político. Morán piensa que sólo desde la unidad política de todos los demócratas, ETA comprenderá –si es que aún no lo ha hecho– que por respeto a las víctimas y por dignidad al Estado de Derecho, su desaparición definitiva no puede ser fruto de ningún precio político.
Javier Rupérez señala que España debe acompañar a Naciones Unidas, con todas sus imperfecciones, para que sigan presentes en la vida internacional como testimonio de su renovada validez en la consecución de un mundo más libre, más estable y más seguro. Y para que España y los españoles –añade– comprendan que trabajar activamente para y con Naciones Unidas es paralelo y compatible a la defensa de nuestras necesidades, nuestros valores y nuestros intereses.









