El vínculo entre Beijing y Washington nunca ha sido idóneo pero sí lo suficientemente realista como saber que ambos países se necesitan mutuamente, dice el autor, que cree que las relaciones no han variado sustancialmente desde la fundación de la República China, en 1949, y que probablemente no lo hagan en un futuro a medio plazo. Sin embargo, la situación puede cambiar radicalmente en unos años, cuando el poderío chino no sea sólo económico, sino cuando se consolide también en el terreno político y militar, y explica por qué.









