Carlos Escudé cree que la perspectiva de que un régimen teocrático y fundamentalista como el iraní adquiera armamento nuclear nos retrotrae a los debates que tuvieron lugar entre 1945 y 1949, en Estados Unidos, entre quienes defendían inicialmente el ataque preventivo contra la URSS (como el filósofo y matemático pacifista Bertrand Russell) y los más idealistas que pregonaban que el uranio del mundo entero fuera administrado por Naciones Unidas (Plan Baruch). Escudé activa el debate y desempolva aquellas antiguas discusiones ante la posibilidad de que los soviéticos obtuvieran la bomba nuclear, y demuestra por qué han cobrado más vigencia que nunca frente a la amenaza iraní.
Sagrario Morán explica que el 11-S obligó a la organización Al Qaeda a modificar su estructura y composición monolítica y unitaria –integrada por veteranos de guerra que lucharon contra los soviéticos en Afganistán– a cuatro tentáculos fundamentales: la estructura central de Al Qaeda, la red árabe de Oriente Medio, la red magrebí y la red del sudeste asiático. Morán cree que hay que insistir más en el reclutamiento d la organización y en el apoyo y las simpatías que el terrorismo yihadista despierta, si de verdad se quiere acabar con la lacra del terrorismo.
Nelson Pilosof esboza unas breves reflexiones sobre la democracia en la era del conocimiento e Internet y afirma que la democracia auténtica sigue siendo el mejor sistema aplicable al desarrollo de la persona y a la convivencia comunitaria. Pilosof cree que no se puede vivir en democracia y asegurar su continuidad, sin estar alertas y dispuestos a defenderla de sus enemigos.
Carlos Escudé analiza extensamente qué supone el actual choque de civilizaciones entre el extremismo islamista y el Occidente liberal y secular y por qué deriva de una díada de características similares a la que engendró la Segunda Guerra Mundial. Escudé desarrolla a continuación un profundo estudio en el explica cuál es la esencia de la gran guerra global que se nos viene encima; y que, a diferencia del enfrentamiento mundial de 1939 a 1945, encuentra a la humanidad en posesión de arsenales capaces de arrasar varias veces con toda la vida humana.
Luis Fernando García Nuñez despliega una serie de preguntas en torno al papel actual de la Iglesia católica, en tiempos de Pascua, Semana Santa y conmemoraciones religiosas, y crítica su poder e influencia, sobre todo en países latinoamericanos. García Nuñez cree que la Iglesia está salida de la realidad.
Esteban Ibarra señala que el futuro de la democracia no sólo pasa por garantizar las libertades fundamentales y los derechos humanos, sino por promover la participación de la ciudadanía, especialmente a través de la sociedad civil en una perspectiva intercultural. Ibarra cree que en un mundo globalizado y plural como el que vivimos actualmente, las sociedades deben asumir el reto de la democracia intercultural: respetar y aceptar la diversidad en una interacción solidaria, donde todas las culturas estén basadas en una ética basada de los derechos humanos.
Juan Gabriel Tokatlian explica que existen actualmente dos modelos diferenciados para luchar contra el terrorismo: el estadounidense, que busca desterrarlo a través de la fuerza y haciendo que sea impracticable en suelo estadounidense, y el europeo, que apunta a superar la asimetría de fuerzas en un plazo más amplio, no inmediato, y por medios no exclusivamente punitivos (disuasión, desarrollo y diálogo). Tokatlian cree que la comunidad de naciones democráticas se enfrenta hoy a un dilema crucial: profundizar el modelo estadounidense o desplegar el modelo europeo. El ideal de Occidente –y su propio destino quizás– está en juego en dicha encrucijada.
A menudo, puede ocurrir que el análisis de acontecimientos históricos determinados cobran más fuerza y vigencia con el paso del tiempo. Safe Democracy reproduce La guerra laica de Martín Varsavsky, donde se analiza qué es lo que simbolizaron los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y a qué tipo de enfrentamientos respondieron. Varsavsky cree que la guerra contra el terrorismo no es un enfrentamiento del bien contra el mal, sino una lucha por la defensa de unos valores y una ideología –la democracia y el pluralismo contra el fanatismo y el totalitarismo– que se superpone con enfrentamientos por intereses económicos.
Nelson Pilosof cree uno de los problemas de las sociedades contemporáneas es la exacerbación de la importancia de la política y la tecnología en la vida de las personas y las sociedades, y que descuidando su permanente sustrato filosófico y moral, la democracia se herrumbra y prepara su fracaso. En este sentido, Pilosof señala que es esencial mantener viva la interculturalidad, como uno de los caminos fundamentales para preservar la convivencia y el respeto; se trata de la verdadera democracia, más allá de lo exclusivamente político, escribe.









