Musharraf ha ganado unos comicios poco transparentes, además de provisionales por la muy posible irrupción de Benzair Bhutto y por una decisión del Tribunal Supremo que podría anular el proceso electoral. Esto ocurre mientras crece la incertidumbre derivada de la ambigüedad de Islamabad, colaborador de Occidente y a su vez apoyo de los islamistas, lo que sugiere cambios inminentes en el gobierno pakistaní.
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