Jesús Mosterín
05/01/11
La última revolución, sin duda, es la de Internet. Su impacto en la política y la economía mundial ya empiezan a ser claros aún estando todavía en sus comienzos. Muchos gobiernos, como el chino, y otras organizaciones tratan de controlar sus efectos, pero dado el propio concepto de la red parece imposible restringir su acceso. Servicios como Google Earth han terminado con las antiguas labores de espionaje consistentes en fotografiar los territorios e instalaciones de los Estados enemigos. Wikileaks, protagonista durante todo el año por la publicaciones de documentos secretos de diplomáticos estadounidenses, ha contribuido también a crear un mundo con mayor transparencia, libertad y seguridad. Concretamente en España, dos de los asuntos de mayor controversia en el año 2010 están directamente relacionados con las nuevas tecnologías: el canon digital, declarado un abuso por parte del Tribunal de Justicia de la UE, ha acaparado gran parte de las críticas de los internautas por no tener fundamentos jurídicos; a su vez, la recientemente rechazada Ley Sinde, que hubiera supuesto el cierre de sitios web de descargas, se enfrentó también contra una gran movilización de los usuarios. Mosterín habla de un debate abierto sobre la existencia de Internet. Las descargas, argumenta, no son robos, pues no privan al propietario de su uso posterior. Las patentes de autores y artistas, además, cuentan con vigencias mucho mayores que las industriales. Estos problemas requieren un trato más adecuado. La solución es buscar nuevas fórmulas que combinen rentabilidad y libertad para defender los intereses tanto de autores como de usuarios.
Jesús Mosterín es profesor de Investigación en el CSIC.
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Las raíces de esta crisis de los medios se encuentran, sobre todo, en un modelo de negocio que es también, paradójicamente,
Resulta hiriente que los grandes medios critiquen con dureza a los dirigentes políticos durante las sucesivas campañas electorales europeas “por no hablar de Europa”, señala el autor.








