23 de Enero de 2005
Dinero y Terrorismo
La economía, y no la política o la ideología, es el motor de la lucha armada. Loretta Napoleoni prueba esta afirmación por medio de un repaso de las últimas cinco décadas de terrorismo, en las que se advierte la creciente sofistificación e importancia de la economía de las organizaciones terroristas y los vínculos cada vez mayores que existen entre la economía legal y la ilegal.
de Loretta Napoleoni
El secretario de Estado estadounidense Colin Powell reconoció en su día que el salvavidas del terrorismo es el dinero. En los tres años transcurridos desde el 11 de septiembre, se ha visto claro que la economía, y no la política o la ideología, es el motor de la lucha armada. Ésta es la inesperada y desconcertante verdad que revela un análisis económico de cinco décadas de terrorismo.
Durante el período de descolonización después de la II Guerra Mundial, las organizaciones armadas eran económicamente dependientes de acaudalados patrocinadores, es decir, de las antiguas potencias coloniales. En 1949 en Indochina, Francia instruyó y financió los Maquis, una guerrilla armada cuyo objetivo consistía en obstaculizar la expansión soviética en las colonias francesas.1
El terrorismo patrocinado por el estado se convirtió en un elemento característico de la Guerra Fría. Estados Unidos y la Unión Soviética financiaron grupos terroristas para librar guerras en su nombre en la periferia de sus propias esferas de influencia. El alto coste de este tipo de guerras, unido la impopularidad de la que gozaban en casa, obligó a las potencias occidentales a recurrir a una mezcla de vehículos legales e ilegales para canalizar el dinero hacia el exterior. En 1984, en medio de una oposición generalizada a la participación de Estados Unidos en el conflicto nicaragü

