Martín Varsavsky ha visitado China y algunos países asiáticos hace pocos días y tuvo la oportunidad de tomar nota de varias de sus reflexiones personales sobre los principales asuntos de la actualidad política, económica y cultural del gigante asiático. Varsavsky esboza a continuación unos breves comentarios sobre la democracia y Taiwán, los autos, la polución y la salud pública y analiza el tema de la piratería, el Yuan, la salsa de soja, Mao Tse Tung, indagando sobre el crecimiento económico y (si es posible) la libertad de prensa.
Javier Jordán analiza los resultados de las investigaciones del juez español Juan del Olmo, a cargo de las investigaciones de los atentados del 11 de marzo en Madrid, publicados recientemente, y afirma que la autoría intelectual de los atentados continúa siendo una de las principales incógnitas de la investigación judicial.
Carlos Taibo explica por qué Bielorrusia se ha resistido a los encantos de las revoluciones naranjas que, en los últimos treinta meses, se han impuesto en Georgia, Ucrania y Kirguizistán y acepta hoy a un presidente autoritario y prepotente como Lukashenko. Taibo cree que los bielorrusos se han acogido a aquello de más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, y que los resultados económicos, el apoyo de Moscú a Minsk y la decepción de la revolución naranja en la región parecen ser algunas de las causas para entender lo de Bielorrusia.
Luis Fernando García Nuñez despliega una serie de preguntas en torno al papel actual de la Iglesia católica, en tiempos de Pascua, Semana Santa y conmemoraciones religiosas, y crítica su poder e influencia, sobre todo en países latinoamericanos. García Nuñez cree que la Iglesia está salida de la realidad.
Carlos Escudé dice que en América Latina hay tres tipos de países: los que desearían penetrar en el mercado norteamericano con productos industriales; los que le interesa entrar en el mercado norteamericano con productos agropecuarios, y un último país que tiene un solo producto, el petróleo, que se vende en cualquier caso (Venezuela). Escudé cree que estas diferencias ilustran el hecho obvio de que los intereses de un Estado no convergen por igual con los intereses de los demás. Para Argentina, es Chile el país con quien se comparten intereses estratégicos, y no Venezuela.
Ricardo Israel Z. explica por qué ha ganado Ollanta Humala en la primera ronda electoral de Perú (y por qué obtenido sólo un tercio de los votos) y señala que nada bueno augura su prédica confrontacional y su división del país entre buenos y malos. Israel Z. cree que la tragedia peruana es que –gane quien gane estas elecciones– seguramente no se van a solucionar los problemas del país, ni se responderá a las expectativas de los ciudadanos, que tienen el derecho de esperar soluciones de sus autoridades electas en democracia.
Juan Gabriel Tokatlian cree que la democracia latinoamericana es cada día más formal y menos sustantiva, al tiempo que vive hondos problemas estructurales y no sólo dificultades coyunturales: es muy dudoso que puedan consolidarse democracias políticas sin equidad económica ni justicia social, añade. Por ello, según Tokatlian, la muy reciente ola democrática –con apenas dos décadas de vida y facilitada por un ambiente internacional favorable — vive hoy una hora trascendental.
Piero Ignazi analiza la política exterior italiana y dice que desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Italia ha estado orientada a dos ejes: la lealtad a la OTAN y a Estados Unidos, por una parte; y a una activa y servicial participación en el proceso de integración europea, por el otro. Ignazi cree que la elite política italiana siguió estos dos caminos sin ninguna preferencia o primacía de una fuerza sobre la otra; pero que con el gobierno de centro-derecha, liderado desde 2001 por Silvio Berlusconi, se ha roto esta dicotomía instaurando una nueva dirección en política exterior. La gran pregunta ahora es: ¿qué sucederá después de las elecciones?
Gustavo Gamallo dice que después de una década con una agenda dominada por los asuntos de las reformas económicas, América Latina vuelve a poner en primer plano a la actividad política. Sin embargo, para Gamallo no es suficiente: hay que construir una ciudadanía activa, conciente y responsable que pueda participar en forma plural en el debate político y desplegar su potencia en la esfera pública.









