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Qué puede hacer Europa por Bielorrusia

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Los intentos de la Unión Europea de minar el régimen dictatorial de Alyaksandr Lukashenko en Bielorrusia han fracasado: su triunfo en las últimas Presidenciales y la nula repercusión de las denuncias de los observadores europeos son buena prueba de ello. Entienda a continuación qué debe hacer la Unión Europea para conseguir la democratización de Bielorrusia.


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(Desde Madrid) LA MAYORÍA DE LOS EUROPEOS NO SABEN probablemente dónde se encuentra este país de diez millones de habitantes. Sin embargo, Bielorrusia es uno de los nuevos vecinos de la Unión tras la reciente ampliación al Este. Y por su territorio cruza una parte del gas ruso consumido por los ciudadanos comunitarios.

DOS GRANDES OBSTÁCULOS

Las relaciones de Bruselas con este país se han encontrado en los últimos años con dos grandes obstáculos: por un lado, la agresiva política de Moscú, que considera Bielorrusia como parte de su zona de influencia; por otro, el carácter relativamente antieuropeo del régimen de Lukashenko, quien ha desoído las llamadas a la democratización proferidas desde la UE y respaldadas por Estados Unidos.

En efecto, la colaboración de Minsk con Moscú aporta importantes ventajas, sobre todo económicas, en virtud de la misma compra petróleo y gas rusos a precios muy ventajosos. Además, es el segundo socio comercial de Rusia, después de Alemania.

AUTORITARISMO NO CUESTIONADO

El liderazgo autoritario de Lukashenko no es cuestionado por Vladimir Putin, quien ve una apertura del mismo como un impulso para la debilitada oposición rusa. Por este motivo, a pesar de que determinadas actuaciones del dictador bielorruso han recibido las críticas de Putin –sobre todo su apoyo al ex-presidente iraquí, Sadam Husein–, en términos generales Lukashenko es considerado un fiel colaborador del Kremlin.

Hasta el momento, la Unión Europea no ha sido capaz de ofrecer a Bielorrusia una colaboración tan fructífera como la que mantiene con Moscú. Sus intentos de debilitar a Lukashenko tampoco han dado resultado.

Entre las medidas de la Unión en este último sentido destacan: la suspensión del Acuerdo de Colaboración y Cooperación con Bielorrusia, su exclusión de la Política de Eurovecindad y la prohibición de determinados cargos públicos bielorrusos de viajar a la Unión Europea.

CARÁCTER DICTATORIAL DE MINSK

Además, en 2005 el Parlamento Europeo emitió una declaración en la que denunciaba el carácter dictatorial del régimen de Minsk.

A pesar de estas presiones, la apertura en Bielorrusia no se ha producido. Al contrario, desde la disolución del Parlamento orquestada por el presidente en 1997, la represión se ha instalado en el país. La última maniobra en este sentido ha sido la reforma constitucional de 2004, por la que Lukashenko ha obtenido un tercer mandato.

OPORTUNIDAD PARA LA UNIÓN EUROPEA
Los últimos resultados electorales son una oportunidad para que la UE replantee su política respecto a Bielorrusia. Parecen necesarios tanto un aumento de las presiones sobre el régimen autoritario, como una mayor concreción de las ventajas que puede tener la restauración de sus relaciones con Bruselas. En realidad, el gobierno de Minsk ha mostrado cierta dualidad en sus declaraciones. A pesar del buen entendimiento que mantiene con Rusia, teme la excesiva dependencia económica respecto del país vecino.

La Unión debería aprovechar esta circunstancia para ofrecer a Bielorrusia una alternativa, basada en: la reactivación de los intercambios comerciales, la promoción de los contactos entre los ciudadanos bielorrusos y los comunitarios (en especial los estudiantes, profesores, etc.), la ayuda económica y tecnológica centrada en la recuperación del medioambiente, la apertura de embajadas de los países miembros –en la actualidad menos de la mitad cuentan con representación diplomática en Minsk– y de al menos una oficina de la Comisión Europea y la reanudación de las conversaciones para la entrada de Bielorrusia en el Consejo de Europa.

POTENCIAR LA SOCIEDAD CIVIL
También deben multiplicarse los esfuerzos para colaborar con la Organizaciones No Gubernamentales, como el mejor instrumento para potenciar la sociedad civil bielorrusa. Hasta ahora las acciones en esta línea han fracasado, debido a las complicaciones burocráticas que dificultan el acceso de las ONG’s a las ayudas económicas de la Unión Europea.

Por último, para concretar estas líneas de actuación es necesario que la Unión muestre de manera clara y unitaria su interés por colaborar con Bielorrusia.

Su actitud hasta muy recientemente ha sido indecisa, sin mostrarse demasiado convencida de sus actuaciones y cayendo a menudo en la división. Frente al talante más duro apoyado desde los países más próximos, como Polonia y Lituania, partidarios de castigar la política de Lukashenko, otros socios comunitarios, como Austria, Grecia y Portugal han hecho prevalecer sus intereses comerciales y se han opuesto a un aumento de las presiones.