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El bloqueo de la Unión Europea

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El estado de bloqueo de la Unión Europea no se trata de una crisis de los valores que la inspiran, sino de un problema de liderazgo y de desorientación de los gobiernos ante unas sociedades que dudan de las intenciones de sus dirigentes y temen por el futuro de su modo de vida, sostiene el autor, quien opina que los propios líderes comunitarios no saben cómo afrontar el impacto de la globalización y la pérdida de peso internacional de Europa.

UN AÑO DESPUÉS DEL NO DE FRANCIA Y HOLANDA a la Constitución europea, y cuando se acerca el cincuenta aniversario de la firma del tratado de Roma –en la primavera de 2007–, un bloqueo sigue caracterizando el proceso de integración.

La reunión de ministros de Asuntos Exteriores convocada el 27 y 28 de mayo por la presidencia austríaca no sólo no parece haber resuelto la actual crisis de la Unión, sino que ha revelado la confusión y la falta de ideas de los dirigentes europeos.

FRANCIA MARCA EL CALENDARIO
Es de justicia comprender lo difícil del momento: las elecciones presidenciales y legislativas francesas del año próximo marcan el calendario y, piensan muchos, poco puede hacerse hasta que no conozcamos sus resultados y sepamos cómo se reorientará la política europea de Francia. Sin embargo, el tiempo no va a resolver por sí solo los problemas y hay decisiones que pueden tomarse sin mayor dilación.

La sugerencia de endurecer el proceso de nuevas adhesiones es obvio, aunque puede tener efectos negativos con respecto a Turquía, por ejemplo, cuya incorporación es quizá la opción estratégica más importante a largo plazo para la Unión.

Pero más preocupante es esa curiosa idea de que llamando a la Constitución de otra manera podrá dejarse atrás la crisis.

Lo importante es salvar el contenido, ha dicho la ministra de Austria. Pensar que franceses y holandeses votaron en contra de un texto sólo porque éste se calificaba como constitucional es una curiosa manera de razonar: los tratados tienen naturaleza constitucional con independencia de cómo se llamen.

[2] CRISIS DE LIDERAZGO Y DESORIENTACIÓN
El orden mundial en formación ha cambiado el contexto de la integración europea. No es una crisis de los valores que la inspiran; es una crisis de liderazgo y de desorientación de los gobiernos ante unas sociedades que, por un lado, dudan de las intenciones de sus dirigentes y, por otro, temen por el futuro de su modo de vida. Los propios líderes no saben cómo afrontar el impacto de la globalización y frenar la pérdida de peso internacional de Europa ante la emergencia de nuevas potencias.

Dejar de llamar Constitución al proyecto de tratado no solucionará los problemas del Viejo Continente. Si los gobiernos europeos no logran la complicidad de la opinión pública en la persecución de sus objetivos, el proyecto no podrá salir de su actual impasse.

Sin un apoyo popular no habrá la Unión fuerte que necesita la democracia en Europa.