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Sri Lanka, al borde de la guerra

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Por Amaia Sánchez Cacicedo (para Safe Democracy)

Amaia Sánchez explica por qué la muy frágil situación de seguridad continúa degradándose en Sri Lanka como consecuencia de los enfrentamientos armados entre el Gobierno de Colombo y la guerrilla de Los Tigres de Liberación de la Tierra Tamil (LTTE). Sánchez cree que la clasificación oficial por parte de la Unión Europea del LTTE como organización terrorista, no parece haber tenido efectos disuasorios, menos aún de contención en la evolución del conflicto. Sri Lanka se encuentra hoy ante la inminente y escalofriante posibilidad de un retorno a la guerra abierta: los acuerdos de alto el fuego parecen escritos sobre papel mojado.


[2] Amaia Sánchez Cacicedo colabora con centros de estudio relacionados con la resolución de conflictos en las regiones del Sur de Asia y Oriente Medio. Es graduada del Master en Relaciones Internacionales de la Universidad de Georgetown y ha trabajado con ACNUR en Sri Lanka, Kenia y Costa Rica.

LA MUY FRÁGIL SITUACIÓN DE SEGURIDAD en Sri Lanka continúa degradándose. Desde el pasado mes de abril se han registrado más de 500 muertes como consecuencia de los enfrentamientos armados entre el Gobierno de Sri Lanka y la guerrilla de Los Tigres de Liberación de la Tierra Tamil (LTTE). Sólo desde el 15 de junio pasado, se contabilizan más de 100 fallecidos, el mayor nivel de violencia registrado al día de hoy desde la firma del acuerdo de alto el fuego permanente en febrero de 2002.

Junto con el incremento exponencial de víctimas a causa de enfrentamientos armados entre las partes, incluyendo los denominados daños colaterales, hay que destacar el brutal atentando contra un autobús de pasajeros que acaba de tener lugar en una zona mayoritariamente cingalesa del país. Constituye el primer ataque indiscriminado contra civiles (incluyendo niños) de una magnitud desconocida (64 muertos) desde el comienzo de la tregua. El LTTE, como suele ser habitual, rechaza la autoría del atentado.

[3] LAS REPRESALIAS DEL GOBIERNO
En forma de represalias, se han producido estos últimos días bombardeos aéreos por parte del Gobierno esrilanqués sobre campamentos militares del LTTE, localizados en zonas de mayoría tamil bajo control guerrillero del nordeste del país, así como enfrentamientos navales directos entre el LTTE y el Gobierno en la costa noroeste. Estos últimos parecen haber derivado en supuestos ataques indiscriminados contra civiles tamiles por parte de las Fuerzas Armadas de Sri Lanka.

Confiemos en que estos actos recientes no hayan abierto la veda a la inclusión de civiles inocentes como objetivos aparentemente legítimos en los enfrentamientos abiertos entre el LTTE y el Gobierno esrilanqués.

No en vano, continúa el flujo de refugiados tamiles esrilanqueses al sur de la India, cuya cifra ronda ya los 3.000 desde principios de año.

NI LOS MONITORES DE PAZ ESTÁN A SALVO
La coyuntura actual afecta también a los internacionales trabajando en la zona nordeste del país, particularmente a los miembros de la escandinava Misión de Supervisión de la Tregua en Sri Lanka (SLMM).

Se han producido en los últimos meses ataques con granadas a sus sedes, lo que ha provocado que el Gobierno de Noruega –principal facilitador de las negociaciones de paz– convoque una reunión urgente con las partes en conflicto para tratar el papel futuro del SLMM.

[4] El encuentro que ha tenido lugar a principios de junio en Oslo, no ha logrado que el Gobierno de Sri Lanka y el LTTE vuelvan a sentarse conjuntamente en la mesa de negociaciones desde que lo hicieran en Ginebra en febrero de 2006. La creciente inseguridad que afrontan los monitores del SLMM, sumado a las tensiones existentes entre ésta y las partes en conflicto, aumenta aún más el clima de desconfianza reinante en el país.

EL RETORNO A UNA GUERRA ABIERTA
La clasificación oficial por parte de la Unión Europea del LTTE como organización terrorista, no parece haber tenido efectos disuasorios, menos aún de contención en la evolución del conflicto.

Sri Lanka se encuentra ante la inminente y escalofriante posibilidad de un retorno a la guerra abierta: el acuerdo de alto el fuego parece escrito sobre papel mojado.

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