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Afganistán: Opio y democracia

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Por Zidane Zeraoui (para Safe Democracy)

Zidane Zeraoui explica por qué la producción de opio se ha convertido nuevamente en el modus vivendi de la población en Afganistán y en su principal fuente de ingresos. Zeraoui cree que el incremento de la producción de opio en los últimos años se ha transformado en el factor de negociación política y muestra también que la democracia –muy imperfecta en Afganistán— ha servido para consolidar los poderes locales (incluyendo a los señores de la guerra) financiados por la venta de la droga a Europa y Asia.


[2] Zidane Zeraoui es profesor de Relaciones Internacionales y coordinador de la Maestría en Estudios Internacionales en el Tecnológico de Monterrey, México.

AFGANISTÁN LOGRÓ SU RECORD DE PRODUCCIÓN DE OPIO DE TODA SU HISTORIA. La producción de droga empezó a ser significativa a finales de la invasión soviética –en 1987 ya alcanzaba 875 toneladas métricas– pero se incrementó drásticamente con la guerra civil de principios de la década de los noventa y también durante el gobierno Talibán: 3.400 toneladas en 1994 y 4.600 toneladas en 1999. Durante el último año de gobierno fundamentalista (2001) se redujo a solamente 200 toneladas.

La instauración de la democracia (formal) en Kabul permitió sin embargo el regreso a la producción del principal ingreso del país: el opio. Un año después de la caída de los Talibán, la producción ya había recobrado su capacidad anterior con 3.400 toneladas para pasar a 4.100 en 2005.

PROMESAS INCUMPLIDAS
Este año, Afganistán logrará producir 6.400 toneladas de opio. Es decir más de un 50 por ciento por encima de la cosecha del año pasado. De la misma manera, la tierra cultivada pasó de 130.000 hectáreas a 200.000.

El énfasis puesto en el cultivo del opio tiene varias causas.

Por una parte la ayuda prometida a Afganistán ha quedado en un voto piadoso. En efecto, mientras que Kosovo recibió 814 dólares de ayuda internacional por habitante, Palestina 219 y Ruanda 98, Kabul se vio respaldada por solamente 60 dólares, lo que no le permite ni siquiera solventar sus gastos corrientes gubernamentales y aún menos luchar contra la guerrilla fundamentalista o erradicar el cultivo del opio.

[3] LA FUENTE PRINCIPAL DE INGRESOS
Por otra parte, la producción de enervante se ha convertido en un modus vivendi de la población y en su principal fuente de ingresos. El 35 por ciento del ingreso nacional afgano se debe a la producción del opio, lo que lo ha convertido en la piedra angular de la supervivencia de la población.

Sin embargo, la producción del opio sirve también para otros fines. Los señores de la guerra que lucharon contra los Talibán durante la invasión norteamericana a Afganistán lo han hecho no solamente para derrocar a un régimen fundamentalista, sino también para eliminar a un serio competidor.

El incremento de la producción en los últimos años muestra claramente que la democracia (muy imperfecta en Afganistán) ha servido para consolidar los poderes locales, financiados por la venta de la droga, sobre todo en Europa y Asia.

[4] HAMID KARZAI, DEBILITADO
La administración de Hamid Karzai –debilitada por la inseguridad del país y el nuevo levantamiento de la guerrilla fundamentalista– no logra combatir a los caciques regionales, ni eliminar la producción de amapola.

El incremento de la producción se ha dado no solamente en las provincias del sur (Helmand, Kandahar y Oruzgan) dominado por la rebelión de los Talibán, sino también en la zona septentrional, en la región de la antigua Alianza del Norte como es la provincia de Badakhshan.

UN FACTOR DE NEGOCIACIÓN POLÍTICA
En la parte meridional del país el caos actual es un factor detonante de la producción; se trata de una zona que no cuenta con la presencia de fuerzas internacionales.

Por otra parte, la corrupción generalizada en el país de los oficiales y de los miembros del gobierno permite evitar cualquier sanción criminal. La producción del opio se ha convertido también en un factor de negociación política.

El ex-gobernador de la provincia de Helmand, Sher Muhamad Akhund, propició con apoyos financieros un incremento de un 160 por ciento del cultivo en su región y logró que el gobierno le diera un cargo en la Cámara Alta del Parlamento.

EL PRECIO A LA BAJA
Así, la amapola en Afganistán es hoy un importante ingreso económico para un gran parte de la población, un elemento de financiamiento de los señores de la guerra y de la guerrilla islamista y un medio de presión de las autoridades locales frente al gobierno central incapacitado para erradicar el cultivo.

La única buena noticia es que con una producción de 6.400 toneladas el mercado mundial de opio se encuentra saturado con un excedente de un 30 por ciento. Es decir, según la ley de oferta y la demanda, el precio del opio tendrá una fuerte caída.

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