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Una carreta delante de los bueyes

La creación del Parlamento del MERCOSUR
[1]

Por Pablo Mieres (para Safe Democracy)

Pablo Mieres explica por qué el proceso de integración del MERCOSUR –que comenzó hace 15 años, y que ha sido la referencia integracionista respetable en la región– vive hoy una crisis profunda de la que aún no logra recuperarse. En este sentido, constituir el Parlamento del MERCOSUR ahora, como está previsto, es como poner la carreta delante de los bueyes. Mieres cree que la región está muy lejos aún de la maduración política para articular una institución suprarregional al estilo europeo: podría tratarse, en cambio, de una medida apurada e inoportuna que transformaría al bloque en un espacio simplemente discursivo con predominio de la retórica.


[2] Pablo Mieres es Doctor en Derecho y Ciencias Sociales y Graduado en Sociología para el Desarrollo. Es actualmente Director de la Licenciatura en Ciencias Sociales de la Universidad Católica del Uruguay, en Montevideo, y profesor universitario de grado y postgrado en la Universidad Católica del Uruguay y en la Universidad de la República de Montevideo. Fue Diputado Nacional (2000-2005) y candidato a presidente en las últimas elecciones de 2004 por el Partido Independiente. Preside actualmente dicho partido. Es asimismo columnista del diario El Observador de Montevideo.

EL PROCESO DE INTEGRACIÓN DEL MERCOSUR comenzó hace 15 años y rápidamente se convirtió en una referencia integracionista en la región.

Con marchas y contramarchas, el MERCOSUR [3] comenzó a aparecer como un esfuerzo erio y diferente de las numerosas y frustradas iniciativas integracionistas latinoamericanas. En efecto, la retórica vacía había caracterizado durante décadas a los esfuerzos de integración latinoamericanos y sus resultados fueron tan sólo un conjunto de discursos plagados de adjetivos que no se materializaba en los hechos.

La historia de la integración latinoamericana ha sido la historia de las frustraciones.

[4] UN ACTOR SERIO Y RESPETABLE
Sin embargo, el MERCOSUR actuó de forma diferente y sus logros en la primera década fueron notorios, por lo que fue considerado como un actor serio y respetable. Por el contrario, el último quinquenio exhibió una crisis profunda de la que aún hoy no logra recuperarse.

Los cambios de la política cambiaria brasileña en 1999, la catástrofe financiera que afectó primero a Argentina y luego a Uruguay, el incremento de las salvaguardas, excepciones y barreras para-arancelarias, el incremento del bilateralismo que margina a los socios menores, el fracaso de las negociaciones con la Unión Europea y el reciente conflicto entre Argentina y Uruguay son todos indicadores de las dificultades que atraviesa el bloque.

Pues bien, en tal estado de cosas, los conductores del bloque optaron por impulsar, como una de las respuestas más visibles a la crisis, la constitución del Parlamento del MERCOSUR.

LA IMPORTANCIA DE LA MADURACIÓN
No dudamos que a cierta altura de la maduración de un proceso de integración regional se impone la instalación de organismos político-institucionales que completen las diferentes dimensiones de la integración. Ciertamente, en un proceso de maduración del MERCOSUR era dable esperar el surgimiento de instituciones políticas suprarregionales, pero resulta muy obvio que estamos lejísimos de ese momento.

Es más, el ejemplo europeo así lo señala: el Parlamento Europeo fue una creación muy posterior al comienzo del proceso de integración del viejo continente y fue una respuesta a un estado de cosas suficientemente avanzado que requería de correlatos político-institucionales.

[5] CRISIS PROFUNDA
En el caso del MERCOSUR, la profunda crisis del bloque requiere respuestas que ataquen las causas reales de sus males. Ello implica la generación de una verdadera coordinación de las políticas macroeconómicas, la búsqueda de mecanismos de compensación entre economías fuertemente desiguales, el fortalecimiento de los organismos encargados de dirimir las controversias que se producen dentro del bloque, la dinamización de los acuerdos del bloque con otros actores económicos importantes en el mundo y la declinación de las medidas que afectan la constitución de una verdadera unión aduanera.

Constituir el Parlamento del MERCOSUR ahora es, como dice el refrán, poner la carreta delante de los bueyes. Esta medida tomada en forma apurada e inoportuna lleva a transformar al MERCOSUR en un espacio discursivo con predominio de la retórica y los adjetivos, tal como ha ocurrido en la historia de nuestro continente.

El MERCOSUR ha perdido el rumbo y sus actuales guías no parecen tener criterios adecuados para redefinirlo.

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