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España, ante la amenaza terrorista de ETA

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Sagrario Morán cree que el matrimonio de conveniencia entre el PSOE y el PP ante la amenaza terrorista de ETA sólo cubrirá las expectativas de la sociedad y debilitará a la banda, si avanza hacia la firma de un acuerdo que incluya también a los partidos nacionalistas y que fije la estrategia política contra la banda terrorista.


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ROTO EL PROCESO DE FINAL DIALOGADO DEL TERRORISMO en España, la desaparición de ETA parece complicarse porque la banda tiene activistas, medios y voluntad de atentar. Nadie duda de su capacidad operativa después de los últimos robos de explosivos y armas, ni de su capacidad de atraer todavía a jóvenes dispuestos a matar por su causa. La violencia callejera o kale borroka, desarrollada por los alevines de ETA en los últimos tiempos, corroboran la afirmación.

Pero tampoco nadie duda, excepto la banda, de que ningún Gobierno, como ha ocurrido hasta ahora, está dispuesto a ceder a sus pretensiones políticas (autodeterminación en los siete territorios vascos, cuatro españoles y tres franceses), motivo de su reiterado regreso a las armas.

[3] LA ILUSIÓN DE LA SOCIEDAD VASCA
En cada uno de los procesos abiertos a lo largo de la historia –y van tres en los últimos 20 años– las opciones de ETA se van reduciendo. La aseveración realizada por Txomin [4], uno de los dirigentes más carismáticos de la organización, a mediados de la década de 1980, cuando más tiempo pase más débiles seremos y peor negociaremos, se cumple de forma inexorable. En un hipotético proceso de paz futuro, ETA tendrá que modificar la forma y el fondo del comunicado. La forma porque ya no valen treguas ni altos el fuego.

Sólo sirve el anuncio de su desaparición definitiva, con acreditación incluida. El fondo, porque tendrá que aceptar de forma expresa que dicha desaparición no puede ser fruto de ningún precio político. Después de todo la ilusión de la sociedad vasca nunca ha tenido que ver con los avances soberanistas que exige ETA, sino con el fin de los asesinatos.

[5] PROLONGACIÓN DE LA POSTREGUA
A diferencia de otros procesos, donde lo habitual es que la banda terrorista anuncie vía comunicado el fin de la tregua y posteriormente atente, en esta ocasión, al invertir el orden de los factores (atentado el 30 de diciembre con dos víctimas mortales y comunicado el 5 de junio) hay un intento premeditado por parte de la organización por prolongar la fase postregua, convulsionar el panorama político por partida doble, y rentabilizar así esta etapa al máximo. Se puede incluso hablar de dos etapas.

La primera fase de la postregua fue dura y difícil. El enfrentamiento sobre la estrategia antiterrorista entre los dos principales partidos –Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Partido Popular (PP)–, derivó en un periodo de gran crispación política que sólo benefició a la organización, que comprobó su capacidad para dividir a la clase política, con peligro de extensión en la sociedad. Esta situación favorece su permanencia infinita.

Cinco meses después del último atentado, y una semana y media después de las elecciones municipales y autonómicas en varias comunidades en España, ETA anunció de forma oficial el fin del alto el fuego. Es evidente que la banda también hace sus cálculos políticos y esperó a conocer los resultados electorales para comunicar lo que ya era un hecho. Algunas lecciones sí tiene aprendidas. En los comicios autonómicos de 2001, después de la ruptura de la tregua de 1998 y de una campaña sanguinaria de atentados con 23 muertos, su brazo político, Batasuna, redujo a la mitad el número de votos. Pasó de 14 escaños a siete en el Parlamento de Vitoria.

No obstante, aunque muchos votantes de Batasuna y algunos de sus dirigentes no entendieron la ruptura de la tregua y los asesinatos, al final acabaron resignándose. El liderazgo de ETA, que funciona con manu militari dentro de todo el conglomerado, explica este comportamiento.

ACUERDO GLOBAL
Esta segunda fase de la postregua está resultando menos crispada en términos políticos. Las descalificaciones y reproches entre socialistas y populares son más veladas, y parece que hay un compromiso por presentarse juntos ante un atentado de ETA.

[6] Sin embargo, el compromiso de este aparente matrimonio de conveniencia sólo cubrirá las expectativas de la sociedad y debilitará a la banda, si avanza hacia la firma de un acuerdo que incluya también a los partidos nacionalistas y que fije la estrategia política contra ETA.