
La Cumbre Iberoamericana celebrada en Santiago de Chile fue pródiga en sorpresas políticas. El desencuentro sin retorno entre Argentina y Urugay por el conflicto de las papeleras. La incompetencia del Rey Juan Carlos como facilitador. El desproporcionado ¡por qué no te callas! del monarca. El recurso al chivo expiatorio, típico de líderes inmaduros como Hugo Chávez. El victimismo de Daniel Ortega.
LA CUMBRE IBEROAMERICANA CELEBRADA en Santiago de Chile fue pródiga en sorpresas políticas, y predecible en el comportamiento de alguno de los actores implicados.
«El Rey hizo el ridículo como facilitador (aunque en realidad el ridículo lo hicieron, sobre todo, Kirchner y Vázquez), y tal vez salió airoso ante Chávez. Pero esto no está tan claro» Con el episodio de las papeleras Kirchner no hizo sino poner la política exterior al servicio de la política interior, lo cual contradice la dinámica de integración, y confirma una visión de la política exenta de toda grandeza, y, francamente, muy peronista. Ante un país pequeño, pobre y acomplejado, debió ser sensible a las asimetrías existentes en el Mercosur, al margen de quien tenga razón jurídica, y La Haya lo dirá.
EL PAPEL DEL REY
Si el episodio de la papelera finlandesa dejó mal parado al Rey (desde hace un año hacía su oficio de facilitador en el diálogo entre los vecinos rioplatenses mal avenidos), las palabras del venezolano sobre el ex presidente Aznar arrancaron de Juan Carlos unos gritos (¡Por qué no te callas!) que no son propios de un monarca. En España gustaron, claro, porque a la gente le da por tener reacciones primarias, emotivas, y no reflexivas. La verdad es que, si se hubiera quedado callado, algunos se lo hubieran reprochado. Pero una posibilidad intermedia era marcharse al escuchar las primeras palabras de Chávez, y delegar la responsabilidad de la réplica en Zapatero, como hizo cuando Ortega habló mal de Unión Fenosa [1]. Y es que, callando o gritando, lo cierto es que en esas reuniones el Rey no termina de encajar: todos son presidentes de repúblicas, es decir, todos son elegidos, menos él, que aparece como un anacronismo político.
EL RECURSO AL CHIVO EXPIATORIO, TÍPICO DE LÍDERES INMADUROS
El presidente Ortega criticó a Unión Fenosa [1], como una mafia, (Página 12, Buenos Aires, 11/11/2007), y optó por endosar la responsabilidad en mayor proporción a la eléctrica española que a los que vendieron las empresas que ésta compró, que eran compatriotas de Ortega, adoptando una actitud victimista, típica de algunos presidentes latinoamericanos, poco propensos a mirar las responsabilidades de sus propios países, y expertos en el recurso al chivo expiatorio: la culpa de todos los males siempre la tiene el extranjero, sean empresas, gobiernos, Estados… Ellos nunca son responsables de nada. Su inocencia es candorosa. Absoluta. Y con esa capacidad de analizar sus propios males, así les va.
VÁZQUEZ Y KIRCHNER, EN EL VIEJO ALMACÉN
Volviendo a los rioplatenses mal avenidos, en Santiago Kirchner se interpretó a sí mismo. Y le hizo un flaco favor a su cónyuge y presidenta electa: debió resolver el problema, pero le deja una mala herencia. El señor Vázquez, por su parte, puede ir por la calle tranquilo: no tiene ninguna posibilidad de que algún transeúnte despistado le confunda con Winston Churchill. Lo suyo es la oncología. El universo, por lo que se ve, le queda grande. Y es que la soberanía, ejercida a tan pequeña escala, mueve a risa. Y a sospecha: tal vez la única soberanía en este lamentable episodio es la de Botnia.
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