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Nada de guerras preventivas en América Latina

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En la reunión de la OEA en Santo Domingo pudimos presenciar un triunfo de la diplomacia en América Latina que puso en el banquillo a las guerras y los ataques preventivos. De ahora en adelante, opina el autor, insistir para que se den pasos hacia la desactivación del conflicto en interior de Colombia no es una tarea que pueda quedar solamente en las manos de los colombianos.

(Desde Buenos Aires) LA REUNIÓN DE PRESIDENTES LATINOAMERICANOS en Santo Domingo constituye un acontecimiento de una trascendencia notable. El posterior encuentro de ministros de Asuntos Exteriores (cancilleres) en el marco de la OEA, que obligó a la administración Bush, en soledad, a salvar sus diferencias con una nota al pie no tiene precedentes y fue una continuación de lo inaugurado en la isla caribeña. No es frecuente que los máximos mandatarios de un continente, con pocas excepciones, se reúnan y debatan en público por un número considerable de horas una situación en extremo delicada para la región.

Quienes pudimos seguir por televisión el encuentro, por más que tengamos unos cuantos años siguiendo la política latinoamericana, “Cristina Fernández situó el momento en el que se intensifica la confrontación: cuando la posibilidad de acceder a un canje humanitario de prisioneros se pone a la orden del día” no pudimos más que sorprendernos por la elocuencia y la transparencia con que se fue construyendo una postura que defiende la soberanía territorial de los Estados y que no pudo ser desconocida por ninguno de los presentes. Muchas cosas se venían discutiendo en las vísperas y en los pasillos, pero es de muy cortas miras suponer que podía preverse el resultado al que finalmente se arribó.

Después del duro y elocuente reclamo del presidente Correa por la injerencia en territorio ecuatoriano y la no menos pertinaz defensa de este accionar que desplegara Álvaro Uribe, se fueron sucediendo medulosas intervenciones que permitieron ir desplazando el centro de gravedad del entredicho y, sobre todo, situarlos en términos que lo alejaran de una posible escalada de beligerancia.

DESTACADAS INTERVENCIONES DE CRISTINA Y CHÁVEZ

“Resultó sustantivo el alegato de CFK, motorizado por la dolorosa experiencia argentina, para que no se apele a la ilegalidad para enfrentar situaciones ilegales” Sin desmerecer cada una de las intervenciones de presidentes o ministros presentes, hubo dos de ellas que alcanzaron particular relevancia. La de la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner y la del presidente venezolano Hugo Chávez. La primera, con elocuencia y precisión no demasiado frecuentes, prescindiendo de apuntes que le restaran impacto a sus palabras, situó el momento en el que se intensifica la confrontación: cuando la posibilidad de acceder a un canje humanitario de prisioneros se pone a la orden del día.

Sin apelar a recursos altisonantes puso en evidencia que la escasa disposición a que se profundice este curso estuvo en el germen de los acontecimientos que se lamentaban. Seguidamente insistió que resultaba decisivo para nuestra región que no se legitimaran los golpes o intrusiones armadas preventivas como un modo de zanjar diferencias o dificultades, a la manera que es conocido se procede en otras latitudes, y que se conservara entre nosotros el apego a los cursos multilaterales y de sometimiento al resguardo institucional. “Chávez aludió a una serie de anécdotas que mostraban cómo se apelaba a operaciones de servicios para modelar la opinión de prominentes dirigentes sin que estos cayeran en la cuenta”Finalmente resultó sustantivo su alegato, sin duda motorizado por la dolorosa experiencia argentina, para que no se apele a la ilegalidad para enfrentar situaciones ilegales. Esta intervención otorgó a la reunión de un marco conceptual que obligaba a mantenerse en el terreno de la razón y alejarse de los alegatos emocionales.

La intervención posterior de Hugo Chávez fue notable. A una buena distancia de sus discursos más combativos, el venezolano aludió a una serie de anécdotas que mostraban cómo se apelaba a operaciones de servicios para modelar la opinión de prominentes dirigentes sin que estos cayeran en la cuenta. Su manejo de las sensibilidades del público le permitieron hasta intercalar la entonación de estrofas de algún bolero sin rozar el ridículo, favoreciendo la distensión y centrarse en definitiva en lo que era su intensión: evitar la escalada que podría conducir a un conflicto que, como sostuvo, sólo podía beneficiar a los de afuera. El muy largo aplauso final, fuera de los límites del protocolo, da la pauta de lo profundo que calaron sus palabras.

EL TRASPIÉS DE LA DOCTRINA BUSH

“Bush daba un ostensible espaldarazo a Uribe y denostaba al principal rival de la región, al que sin duda quisiera ver muy lejos del poder y del control de ingentes recursos energéticos” En semejante clima, reforzado por el canciller brasileño, la presidenta chilena y el mandatario boliviano, las alternativas para el desenlace se estrechaban. Y Uribe, notable también para manejarse sereno en un contexto de extendida hostilidad a sus tesituras, optó por hacer gala de generosidad y tras las disculpas tomó la audaz iniciativa de levantarse de su asiento y concurrir a saludar a los principales protagonistas del evento. Lo recibieron con la mano estirada al frente Correa y Cristina Fernández, pudo acercarse más a sus colegas del Caribe, y sin duda que pudo retirarse de la reunión sin mella para el orgullo que le reconoce el amplio respaldo en la opinión pública colombiana.

Sin lugar a dudas que la conflictividad permanece. Pocas horas después el presidente Bush daba un ostensible espaldarazo a Uribe y denostaba al principal rival de la región, al que sin duda quisiera ver muy lejos del poder y del control de ingentes recursos energéticos. “Quien se llevó las palmas de este nuevo acuerdo fue el canciller brasileño Celso Amorim” Pero lo que se conoce como doctrina Bush sufrió un traspié considerable entre los gobiernos y la opinión pública latinoamericana.

Poco después, en la reunión de cancilleres de la OEA, tras un muy largo conciliábulo, que esta vez no contó con las cámaras de TV, se llegó a un texto que continúa lo expresado en Santo Domingo y deja en una ostensible soledad a las tesituras de Colombia y a su inspirador, la administración Bush. Quien se llevó las palmas de este nuevo acuerdo, según trascendió, fue el canciller brasileño Celso Amorim [1].

LA SOCIEDAD COLOMBIANA, HASTIADA

A esta altura hay que considerar un aspecto sustancial del conflicto que se vive en la región y que se compadece con el respaldo obtenido por Uribe para su accionar entre los colombianos. “Resulta elocuente el escaso respaldo que la estrategia de las FARC obtiene fuera de sus áreas de influencia”

Sabido es que el actual mandatario ha captado muy bien el notorio cansancio de la población de su país por sobrellevar el largo enfrentamiento que tiene en las FARC a uno de los protagonistas. Los intentos de encontrar una salida al conflicto han sido muchas.

Es absolutamente cierto que las masacres de los dirigentes y seguidores de la Unión Patriótica [2] en el pasado, intento de las FARC por introducirse en la escena política, signaron el presente, así como también el accionar posterior de los paramilitares y la ubicua y múltiple presencia del narcotráfico. Pero resulta elocuente también el escaso respaldo que la estrategia de las FARC obtiene fuera de sus áreas de influencia.

“La población colombiana se encuentra cansada con justa razón y nadie que pretenda mantener algún nexo con el escenario político puede despreciar un dato tan concluyente” El ingreso de esta fuerza a la escena política, como ocurrió en El Salvador y Guatemala, no se puede seguir posponiendo con diversos cálculos y especulaciones. No se puede pretender acrecentar el prestigio de una propuesta si se recurre al secuestro de personas que nada tienen que ver con el combate, por más que se justifique como recurso para evitar ataques masivos e inteligentes desde el aire, como el que terminó con la vida de Raúl Reyes y otras veinticinco personas que se encontraban en el lugar. La población colombiana se encuentra cansada con justa razón y nadie que pretenda mantener algún nexo con el escenario político puede despreciar un dato tan concluyente. Por otra parte, la sensibilidad mundial que existe en torno a la situación colombiana facilita que no se cometan tropelías como en el pasado ante un proceso de desmilitarización.

UN CONFLICTO QUE NO SÓLO INCUMBE A BOGOTÁ

Está por verse si existe sensibilidad para dar pasos en esta dirección. Si no se llevan a cabo, se seguirá manteniendo en el corazón latinoamericano una excusa de primera magnitud para que quienes quieren apelar a la alternativa bélica continúen imaginando escenarios en la arena del rigor. Subestimar las posibilidades de que esta presencia se extienda supone no haber seguido con atención los acontecimientos que recorren el planeta.

En Santo Domingo, y después en Washington, pudimos presenciar un triunfo de la diplomacia que puso en el banquillo a las guerras y golpes preventivos en este continente y dio nuevos pasos en la unidad del grueso de la región. De ahora en adelante, insistir para que se den pasos que conduzcan a desactivar el conflicto en el interior de Colombia no es una tarea que pueda quedar solamente en las manos de los colombianos…