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Transformación post-socialista en Cuba

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¿Qué debe priorizar Cuba: la apertura democrática o las reformas de mercado? La transformación será necesariamente gradual, tanto en lo que hace a la democracia como a las reformas de mercado, afirma el autor. El socialismo cubano, referente obligado durante muchos años, ha perdido el lugar de privilegio, y hoy se le reclama, a la par de los logros sociales, la expansión de la democracia política y la vigencia de los derechos humanos.

EL HÚNGARO JÁNOS KORNAI, profesor emérito de la Universidad de Harvard y experto en transiciones post-socialistas, afirmó: No hay ninguna teoría, modelo ni regla universal para calcular la velocidad óptima de una transición. Los estudios que prescriben velocidades adecuadas son alardes pseudo-científicos.

El proceso de transformación cubano (que ha ingresado en una nueva etapa con la asunción de Raúl Castro el pasado 24 de febrero) se inició, a decir verdad, hace casi dos décadas con el derrumbe de la Unión Soviética. Frente a la debacle del comunismo y sus terribles consecuencias para la isla, Fidel Castro entendió que lo mejor sería administrar, de forma gradual, el retorno a cierta forma de capitalismo, sin perder de vista el núcleo de conquistas sociales alcanzadas.

Cuba combina en la actualidad datos contrastantes. Según el Índice de Desarrollo Humano de la ONU ocupa el sexto lugar de América Latina (detrás de Argentina, Chile, Uruguay, Costa Rica y las Bahamas), con un 99,8 por ciento de alfabetismo adulto (el mejor índice de la región en este plano) y una expectativa de vida de casi 78 años (en este ítem, Cuba se ubica tercera en el ranking, después de Costa Rica y Chile).

LOS GRANDES RETOS

Sin embargo, los salarios promedio en la isla no superan los 15 dólares mensuales, lo que equivale a unos 300 pesos cubanos, cantidad que se esfuma rápidamente en una sola compra de alimentos y el pago de los gastos de electricidad (que rondan los 150 pesos mensuales). “El propio Raúl Castro reconoció la existencia de un exceso de prohibiciones que hacen más daño que beneficio” Además, la economía depende casi enteramente del turismo y de las remesas de los cubanos-norteamericanos, en un contexto de productividad casi nula. Así pues, muchos profesionales (cabe recordar que en Cuba la educación es libre y gratuita en todos los niveles) se vuelcan a conducir taxis porque el contacto con los turistas, las propinas o el mismo pago de los viajes les deja un ingreso diez veces superior al que percibe un profesional en cualquier área (por ejemplo, un médico).

Por otra parte, el régimen presenta un evidente déficit en materia de derechos humanos, categoría que no puede limitarse únicamente “La creación de instituciones propias de un Estado de derecho requiere mucho tiempo y gran circunspección”al plano social, en donde los logros alcanzados por Cuba están fuera de toda discusión. El propio Raúl Castro, en un discurso ante la Asamblea Nacional en diciembre de 2007, reconoció la existencia de un exceso de prohibiciones que hacen más daño que beneficio.

Así las cosas, el mayor desafío del nuevo presidente será encontrar respuestas al dilema que enfrenta toda transición post-socialista. ¿Qué se debe priorizar: la apertura democrática o las reformas de mercado? Como es regla en estas cuestiones, la biblioteca se divide por mitades.

SIN PRISAS ES MEJOR

El profesor Kornái considera que la rapidez (que reclaman muchos de los gurúes reformistas de mercado) acarrea enormes costes: La prisa y la superficialidad harán que las medidas pensadas estén plagadas de equivocaciones. Una reforma que se realizó con demasiada rapidez termina por significar un retroceso. “No existen recetas para una exitosa transformación post-socialista. Las experiencias abarcan desde países pequeños a zonas más ricas,con resultados visiblemente disímiles entre sí”

Sería apropiado que Cuba tomara nota de la sopesada lectura del especialista de Harvard, quien se inclina por dar prioridad a los procedimientos democráticos y, de ser necesario, posponer las reformas de mercado. En este sentido, debe enfatizarse que la creación de instituciones y organizaciones propias de un Estado de derecho requiere de mucho tiempo y una gran circunspección. Como afirma Kornái: La elaboración precipitada de nuevas leyes que tuvieran que ser corregidas repetidamente o las organizaciones defectuosas que exigieran ser modificadas una y otra vez irían en descrédito del Estado de derecho.

Desde luego, como se señala al inicio del artículo, no existen recetas universales para una exitosa transformación post-socialista. Las experiencias de esta naturaleza abarcan desde países pequeños como Albania a gigantes como China, desde Estados pobres como Mongolia a zonas más ricas como la República Checa, con resultados visiblemente disímiles entre sí.

LA REFORMA DEL ESTADO PROVEEDOR

“La provisión que hace el Estado socialista de la seguridad básica tiene una enorme popularidad en la población” Por última, una consideración resulta indispensable para el éxito de cualquier transición post-socialista. Se trata de la reforma del Estado proveedor. La historia enseña que, aun en casos mucho más discutibles que el cubano en cuanto a sus logros sociales, son las funciones benefactoras del estado paternalista las que dejan los mejores recuerdos colectivos. Dicho en pocas palabras: la provisión que hace el Estado socialista de la seguridad básica, por medio de la aplicación de los principios igualitarios, tiene una enorme popularidad en parte considerable de la población. Por ende, la reforma en este plano debe ser manejada con enorme precaución. No puede haber vacíos en la provisión de los servicios sociales.

En resumidas cuentas, la transformación en Cuba será necesariamente gradual, tanto en lo que hace a la democracia como a las reformas de mercado. Sin embargo, una cuestión debe quedar absolutamente clara: el socialismo cubano, referente obligado de la acción colectiva en América Latina por muchos años, ha perdido ese lugar de privilegio. La explicación a esta situación no radica ni en los fracasos económicos del régimen cubano ni en los denodados (e infructuosos) esfuerzos de Washington con sus políticas de aislamiento a la isla. La respuesta, antes bien, debe buscarse en los nuevos valores que se han propagado en la región: aquéllos que ponderan, a la par de los logros sociales, la expansión de la democracia política y la vigencia de los derechos humanos.