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¿Nueva oportunidad para el diálogo Beijing-Taipei?

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¿Están cambiando las relaciones entre China y Taiwán? El último encuentro oficial de carácter económico entre las respectivas autoridades sirvió para alejar la hipótesis de conflicto. Sin embargo, aún intensificando los intercambios económicos, la unificación no se contempla, y no sólo por los reparos de Taipei: tal cambio geopolítico en la zona cuestionaría la influencia de Washington en la región.

(Desde Beijing) EL ENCUENTRO, HISTÓRICO, entre Vincent Siew, futuro vice-presidente de Taiwán, y el presidente Hu Jintao [1], con ocasión del foro económico celebrado en Boao, isla de Hainan, el pasado día 12 de abril, ha servido para tomar el pulso a las relaciones bilaterales a través del Estrecho después de las elecciones legislativas y presidenciales celebradas en Taiwán en enero y marzo últimos y, sobre todo, para relanzar el proceso de diálogo a través del Estrecho, interrumpido desde 1996, cuando el entonces presidente Lee Teng-hui [2] reclamó desde Taipei que las relaciones entre la República Popular China y la República de China debieran formularse en términos de Estado a Estado.

“A finales de mes una delegación taiwanesa visitará el continente, sin esperar siquiera al 20 de mayo. No hay tiempo que perder” El nuevo equipo que lidera Ma Ying-jeou [3] tomará posesión el próximo 20 de mayo, pero el triángulo Beijing-Taipei-Washington está en plena ebullición. Siew, presente en Boao en su condición de presidente del Foro para un Mercado Común entre Taiwán y China, recabó y obtuvo de Hu Jintao el apoyo para instrumentar de inmediato medidas concretas para llevar a cabo vuelos charter directos los fines de semana a partir del próximo mes de julio, abriéndose Taiwán a los turistas chinos al eliminar las restricciones existentes y facilitar los trámites de cambio de moneda.

Dentro de pocos días, una delegación taiwanesa visitará el continente, sin esperar siquiera al 20 de mayo. No hay tiempo que perder. Hasta la alcaldesa de Kaohsiung, Chen Chu, del opositor PDP (Partido Democrático Progresista), se ha mostrado favorable a visitar el continente para gestionar los intereses turísticos y económicos de su ciudad, la segunda del país.

LA DESCONFIANZA DEL PDP

El carácter constructivo del diálogo bilateral, en curso desde 2005, entre el Partido Comunista de China (PCCh [4]) y el Kuomintang (KMT [5]), encontrará ahora un respaldo institucional de gran importancia. Para el PDP del aún presidente Chen Shui-bian [6], ni el encuentro de Boao (en el que Siew viene participando desde 2003), “Washington ha saludado el encuentro con la cortesía diplomática que cabría esperar, calificándolo de «buena noticia»” a juzgar por la situación registrada en Tibet a mediados de marzo, ni el diálogo ni el acuerdo de paz que Ma desea firmar con Beijing podrán generar el más mínimo atisbo de ilusión entre la población taiwanesa.

El hecho de que Siew aceptara sentarse al lado de los representantes de Hong Kong y Macao, o la utilización de un documento de viaje para los compatriotas de Taiwán para asistir a la reunión en vez de su pasaporte, fueron considerados un mal presagio, a la espera de ver la actitud de China con respecto a la candidatura de ingreso en la Organización Mundial de la Salud (OMS [7]), “Ma anunció que propiciará el reinicio de los contactos entre las entidades paraoficiales creadas en los años noventa para gestionar las relaciones bilaterales” presentada bajo el nombre de Taiwán y que se debatirá el mes de mayo próximo, o el nivel de representación de Taiwán que Beijing aceptará en la próxima cumbre de la APEC [8] (Asia-Pacific Economic Cooperation, Cooperación Económica Asia-Pacífico).

En Washington (que, al igual que Tokio, Ma desea visitar antes de tomar posesión) se ha saludado el encuentro con la cortesía diplomática que cabría esperar (el antiguo secretario de Estado, Colin Powell, también estuvo presente en Boao), calificándolo de buena noticia que indicaba el inicio de una nueva fase en las relaciones entre las dos partes.

UNA CARGA GEOPOLÍTICA IMPORTANTE

“Beijing intentará hacer valer su creciente capacidad para reducir la influencia de Estados Unidos en Asia, y ganar terreno en el litigio para que pueda ser resuelto sin ingerencias externas” Después del encuentro de Boao, Ma anunció que nada más tomar posesión propiciará el reinicio de los contactos entre la Asociación para las Relaciones a través del Estrecho (continental) y la Fundación para el Intercambio a través del Estrecho (de la isla), entidades paraoficiales creadas en los años noventa para gestionar las relaciones bilaterales, con el objeto de aprovechar la actual atmósfera favorable entre las dos partes para reanudar el diálogo sobre bases eminentemente prácticas.

Chiang Pin-Kung, uno de los pesos pesados del KMT y personaje clave en la reanudación de los contactos con el PCCh en 2005, se hará cargo de la Fundación taiwanesa.

El ritmo y contenido de ese diálogo, así como el seguimiento que desde Washington se pueda hacer del margen de maniobra del presidente Ma, añaden una carga geopolítica importante a esta nueva etapa, en la que Beijing intentará hacer valer su creciente capacidad para reducir la influencia de Estados Unidos en Asia, y ganar terreno efectivo en la consideración interna del litigio para que pueda ser resuelto sin ingerencias externas y entre los chinos de uno y otro lado del Estrecho.

WASHINGTON: ¿UNIFICACIÓN? NO, GRACIAS

“Está en juego la seguridad de las rutas comerciales de Asia-Pacífico y el control de la marina de guerra de Estados Unidos en una zona estratégicamente vital” El nuevo escenario aleja la hipótesis de un conflicto abierto (incluso se especula ya con la retirada de, al menos, la mitad de los misiles continentales que apuntan a la isla como un primer gesto de distensión) y deja paso a la tesis de la progresiva absorción de Taiwán, seducida su clase empresarial por las oportunidades económicas del continente.

Ese mayor acercamiento podría originar tensiones con Estados Unidos, aunque muy diferentes a las provocadas por las soflamas soberanistas de Chen Shui-bian, difícilmente materializables por la oposición de Washington. Negocios aparte, lo que está en juego es la seguridad de las rutas comerciales de Asia-Pacífico y el control que la marina de guerra de Estados Unidos tiene de una zona estratégicamente vital.

Con ese telón de fondo, aunque se intensifiquen los intercambios económicos, mucho tendrán que cambiar las cosas para que la unificación pueda cuajar, ya que entrañaría un cambio geopolítico en la zona de tal magnitud que pondría en jaque la influencia de Washington en la región e incluso su papel predominante en los océanos del mundo.