diario.jpgLa desafección de los ciudadanos hacia la política no es un fenómeno nuevo, pero sí el cariz que toma en la actualidad. El indicador más claro es la creciente abstención que se registra en las elecciones. Esta desafección se da al mismo tiempo que una gran adhesión ciudadana a los sistemas democráticos. Nunca hemos tenido tanto interés por la democracia, pero crece la disconformidad de los ciudadanos.

(Desde Barcelona) EN LA ÚLTIMA DÉCADA han proliferado análisis sobre la creciente distancia que existe entre los ciudadanos y sus gobernantes. Se trata de un fenómeno que afecta a la mayoría de las democracias y que, siguiendo la terminología anglosajona, se ha caracterizado como desafección democrática.

El indicador más claro es la creciente abstención que se registra en las elecciones. Pero ni es éste el único aspecto, ni tal vez sea el más decisivo. Esta desafección se da al mismo tiempo que una gran adhesión ciudadana a los sistemas democráticos. Ello no es ninguna esquizofrenia. Indica un contraste entre los valores e instituciones y las experiencias prácticas de los gobiernos.

CUESTIÓN DE CALIDAD, CUESTIÓN DE IMAGEN

Todo esto no es nuevo, pero sí parece serlo el cariz que toma en estos momentos. «La imagen de los políticos y la percepción de la ciudadanía dependen decisivamente de la labor de los medios»Los análisis de política comparada muestran tres tipos de factores que inciden en la desafección. En primer lugar, aquéllos que son comunes a todas las democracias, por ejemplo, la percepción de que, tras la globalización actual, los gobiernos no controlan los resortes decisivos de influencia (frente a crisis económicas, problemas ecológicos, etcétera).

En segundo lugar, los factores de carácter local, como la falta de eficiencia de los gobiernos, escándalos de corrupción o un ensimismamiento de la clase política en polémicas de poco alcance. Finalmente, se dan factores que se hallan en una posición intermedia: ni son del todo «La política es una profesión dura, a la vez que imprescindible y poco valorada socialmente» generales ni están asociados a un sistema político concreto.

Aquí quisiera incidir en dos factores que todos los análisis señalan como relevantes e interrelacionados: la calidad de los partidos políticos y de los medios de comunicación. La calidad interna de cada sector depende de ellos, pero la imagen de los políticos y la percepción de la ciudadanía dependen decisivamente de la labor de los medios (escritos y, sobre todo, audiovisuales).

LOS PARTIDOS

La política es una profesión dura, a la vez que imprescindible y poco valorada socialmente. «La ciudadanía siempre espera que la práctica totalidad de los cargos sean desempeñados por personas competentes» Es una actividad absorbente y en buena medida ingrata. A nivel individual, sólo el hecho de tener que resistir tanto una presión mediática permanente a caballo de la actualidad, como la competencia dentro y fuera del partido, es algo que pocos soportarían. Además, la colonización del tiempo que sufren los políticos profesionales es algo casi patológico.

Sin embargo, a escala colectiva, está claro que cualquier partido necesita disponer de buenos profesionales, es decir, de buenos economistas, ingenieros, politólogos, urbanistas, juristas, expertos en energías y ecología, etcétera. Cuando se habla personalmente con líderes políticos su imagen mejora en la mayoría de los casos. Pero un partido es bastante más que los liderazgos de turno. La ciudadanía siempre espera que la práctica totalidad de los cargos sean desempeñados por personas competentes. A veces la pregunta «La eficiencia de los sistemas democráticos se resiente si en los cargos se premia más la fidelidad al partido que la competencia profesional» ¿cómo captan talento los partidos? crea desconcierto en sus dirigentes.

Una posibilidad para aumentar la interrelación entre política y competencia consiste en establecer el llamado mecanismo de la puerta giratoria: captar a destacados profesionales con vocación pública externos al partido, para que se integren en la política ejecutiva por un periodo de tiempo específico, y luego se reintegren a su profesión.

La eficiencia de los sistemas democráticos se resiente, sin más, si en los cargos se premia e incentiva más la fidelidad al partido que la competencia profesional. Los perjudicados somos todos, los partidos, la ciudadanía y el vigor de las democracias.

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Situados en el epicentro de la información y de la evaluación de la actualidad, los medios constituyen uno de los principales centros de gravedad de las democracias actuales. «A veces, las fuentes consultadas, más que parciales, son escasas» Desde los tiempos del primer liberalismo político se sabe que sin unos medios de comunicación libres no se asegura ni un control eficiente del poder ni la protección de los derechos ciudadanos. Pero también en este caso, una cosa es la cantidad y otra la calidad.

Tanto la prensa escrita como la radio y la televisión necesitan proveer informaciones y análisis en un tiempo muy limitado. No es tarea fácil. El riesgo está en caer en una inmediatez superficial, poco proclive a buscar los distintos ángulos de un tema determinado. A veces, las fuentes consultadas, más que parciales, son escasas. También se dan los riesgos de buscar titulares fáciles, basados más en lo que los políticos dicen que en lo que hacen, y de reflejar las ideas a priori que tienen los propios medios sobre países, gobiernos, líderes y partidos. Unos medios de calidad son, entre otras cosas, aquéllos que hacen investigación propia y ofrecen al lector, oyente o espectador resultados comprensibles de esa investigación.

Ciertamente, en casi todas las democracias hay medios de calidad (escritos y audiovisuales). Pero creo que no utilizan todas las posibilidades de acercar la política a los ciudadanos. Hoy hay medios técnicos y profesionales que hacen que el proyecto, aún siendo un reto, resulte atrayente.

Es importante que partidos y medios evalúen qué hacen, que contrasten los objetivos propuestos con los resultados alcanzados. La política puede ser a la vez inteligente y apasionante. Y la democracia es siempre un viaje inacabado, un experimento permanente.