- Safe Democracy Foundation - https://spanish.safe-democracy.org -

Hambre, corrupción y miseria en la Nicaragua sandinista

hambre-en-nicaraguaEl segundo país más pobre de América Latina vive una situación social, política y económica angustiante. Uno de cada dos nicaragüenses, más de 2,3 millones de habitantes de este bello país centroamericano, viven en una situación de penuria económica, subalimentados –según un informe publicado recientemente por la ONG Intermon- y sin apenas servicios sociales mínimos. Pero no ahí queda todo.

Luego está la corrupción. Según informaba el organismo cívico Ética y Transparencia, capítulo local de la organización Transparencia Internacional, en su informe de percepción de corrupción en 2008, Nicaragua se ubicó entre los países menos transparentes de la región.

En el Índice de Percepción de Corrupción para Latinoamérica, Nicaragua se ubica como el país más corrupto de Centroamérica, al obtener una calificación de 2.5 (de un total de 10) seguido por la Honduras del incalificable Zelaya (2.6), Panamá (3.4), Guatemala (3.1), El Salvador (3.9) y Costa Rica, con una calificación de 5.1.

A este panorama tan desolador, en donde incluso un millón y medio de nicaraguenses sobre una población de cinco millones pasa hambre, tal como han denunciado las Naciones Unidas a comienzos de este año, se le viene a unir el derroche y el mal uso de los fondos públicos que hace el Gobierno de Daniel Ortega. Los millones de dólares que le entregan las dictaduras de Irán y Venezuela, los dos principales apoyos de la satrapía sandinista, son derrochados y malgastados por el clan Ortega, que no duda en viajar por medio mundo en en aviones costosísimos y albergarse en hoteles de lujo. El Estado es, para ellos, tan sólo una inmensa finca de donde extraer sus recursos.

“A Ortega le gusta viajar con su familia. Hijas con sus novios, hijos, nueras y nietas forman parte de las delegaciones oficiales de trabajo que han participado en varias de las giras del presidente Ortega y la primera dama y coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, Rosario Murillo”, tal como informaba recientemente el periódico de Managua La Prensa. A los Ortega les gusta el lujo hortera, tal como han aseguran los ex comandantes sandinistas y los mismísimos Enrique Cardenal y Sergio Ramírez. Por cierto, ambos han sido censurados y criticados por el poder oficial por disentir de la peligrosa deriva que ha tomado el actual curso sandinista.

El viaje hacia ninguna parte del regimen nepotista y corrupto

Pero, en medio de todos estos problemas e incluso habiendo tolerado la presencia de una guerrilla zelayista en el interior de sus fronteras, que ya comienza a incomodar a muchos nicaraguenses que no quieren verse inmersos en el embrollo hondureño, el presidente Ortega, ha aprovechado la reciente celebración del 30 aniversario de la llegada de los sandinistas al poder para anunciar que probablemente podría reformar la Constitución y presentarse a la reelección. Los sandinistas parecen haber aprendido las lecciones del pasado y no están dispuestos a abandonar el poder de una forma pacífica y democrática. Como obediente seguidor del dictador Hugo Chávez, siguiendo los pasos de Evo Morales, Rafael Correa y el depuesto Manuel Zelaya, ahora Daniel Ortega, no satisfecho con el daño causado al sufrido pueblo nicaragüense, asegura sin reparo alguno que continuará en el poder.¡Qué descaro! ¿Y, acaso, no son éstos los apóstoles de la defensa de la democracia en Honduras?

No olvidemos que Daniel Ortega llegó al poder con apenas el 38% de los votos y a merced de un acuerdo con los liberales para no procesar a su máximo líder, Arnoldo Alemán, al que le hubiera esperado una cárcel segura en una país democrático tras sobradas pruebas de su implicación en numerosos escándalos de corrupción y quien no dudó en dejar el poder en manos sandinistas con tal de no verse respondiendo ante los tribunales.

El país, sin embargo, sigue inmerso en su viaje hacia ninguna parte. Los servicios públicos no funcionan, las ONG`s desafectas al régimen han sido multadas, las inversiones extranjeras huyen de Managua como si fuera la peste, los medios no afines sufren el acoso, el caos administrativo es total y, por si fuera poco, la alianza de Ortega con Chávez en el escenario internacional han granjeado a Nicaragua la imagen de país poco fiable para las empresas extranjeras.¿Alguien da más?

De nada han servido las ingentes cantidades que le envían los Chávez y companía para mantener al régimen más infuncional de toda América Latina. Pero a Ortega, en su huida hacia adelante conducido por su esposa Rosa Murillo, un alter ego de Elena Ceausescu en versión caribeña, nada de eso le importa; lo único que parece preocuparle es su permanencia en el poder. Ya fue capaz de “robar” las elecciones municipales a la oposición democrática nicaragüense y de utilizar todos los canales a su alcance para desacreditar a toda forma de disidencia en el interior del país. Más tarde, ya verán, le tocará el turno a los medios de comunicación desafectos a la “verdad suprema” del máximo líder.

Como resumía muy acertadamente el sociólogo francés Gilles Bataillon, en una entrevista al diario El País a su paso por Madrid, “Ortega ha sido incapaz de controlar el aumento de los precios de los productos de la canasta básica, o de hacer que bajase el precio del petróleo cuando lo hizo en todo el mundo. El dinero que invierte a través de los Consejos del Poder Ciudadano [organismos paraestatales coordinados por la primera dama, Rosario Murillo], no ha mejorado ni la educación pública, ni la escuela pública, ni las carreteras. Sólo hay mejoras de tipo clientelar gracias a la ayuda de Chávez que, por cierto, no aparece en los presupuestos, y es una de las críticas de la oposición, que se fiscalice la ayuda de la cooperación venezolana, dónde va, cómo se utiliza”.

Así las cosas, y ante la incierta perspectiva de que Venezuela e incluso Irán corten el “grifo”, Ortega va preparando sus planes para perpetuarse en el poder, desestabilizar a los vecinos, como está haciendo con la Honduras predemocrática que despierta de la pesadilla chavista, y estrechar, aún más si puede, los lazos con sus alidos naturales, la corrupta oligarquía liberal nicaragüense y las dictaduras chavistas de América Latina. No hay otras opciones. Ortega sabe que el reloj la historia va en contra suya y que un día, cansados de tantas decepciones y una retórica revolucionaria hueca y vacía, los nicaragüenses despertarán de su letargo hastiados de tanta hambre, corrupción y miseria política. La aurora que devora a los monstruos del pasado todavía no ha llegado a Nicaragua. Llegará pronto.