
La progresiva normalización de las relaciones de Washington con Cuba acelera el proceso de cambio (irreversible) en la Isla, incrementa el prestigio de Obama en América Latina y da credibilidad al proyecto estadounidense de integración continental.
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Tras el cambio político, Estados Unidos deberá optar entre la tradicional política de estrecha unión con Israel a toda costa o una relación más vinculada al proceso de paz y al establecimiento de nuevas alianzas con el mundo árabe y musulmán, dice el autor.
A Estados Unidos le espera una presidencia moderada, en busca de rasgos unitarios por encima de los enfrentamientos, pero también marcada por decisiones muy controvertidas para encarar los cambios del sistema económico, financiero y político nacional e internacional.
Sea quién sea el próximo presidente de Estados Unidos, tendrá que administrar la caída de esta forma de entender el capitalismo y el inicio de un nuevo ciclo. La labor no será fácil teniendo en cuenta que en ocho años Estados Unidos ha fracasado; la definición de ese deseado nuevo liderazgo sólo será posible a partir de la proyección exterior de los valores internos capaces de ganar la confianza perdida.









