Co-autor: Borja Fontalva Cabeza
Investigador. Universidad Complutense de Madrid
Así pues, los electores afganos no tendrán que acudir a las urnas el 7 de noviembre. Sin embargo, aunque jurídicamente el tema queda cerrado, las dos cuestiones de fondo gravitan sobre la legitimidad del nuevo presidente, acusado de propiciar fraude electoral en la primera vuelta y la formación de un nuevo ejecutivo, cuya composición resulta complicada en virtud de los pactos que Karzai realizó con los principales señores de la guerra que le proporcionaron apoyo para su reelección.
La intensa agenda internacional arrancó hace unos días con fructíferos contactos con Rusia, tras la decisión de Obama de suspender los planes para construir un escudo antimisiles en Europa del Este. Con Rusia era necesario restablecer relaciones de cooperación por parte de Estados Unidos que, si bien hasta ahora formalmente no podían calificarse como en plena Guerra Fría, la práctica demostraba sus carencias y el espíritu de neutralización aplicado.
a prueba que significaba para Afganistán las elecciones del 20 de agosto de 2009 ha sido superada con su mera celebración, aunque en determinados momentos se dudó de la posibilidad de su realización. Sin intentar minusvalorar el significado de las mismas y el reto que suponía poner en marcha el proceso electoral, las preguntas que cabe plantearse son: ¿qué ha cambiado en este país centroasiático en el plano de la reconstrucción en estos cinco años desde la celebración de las anteriores presidenciales? y ¿cómo van a incidir los resultados de estas elecciones en el futuro del país, cuando el proceso de cambios es exógeno?
Barack Obama acaba de lanzar la nueva estrategia para Afganistán. ¿Está Hamid Karzai dentro de los «planes de remodelación»? ¿Quién nos asegura que los otros candidatos no puedan ser 10 veces peores que Karzai?








