
Pakistán, Birmania o Tailandia, ejemplifican cómo el argumento de que la democracia no es el sistema adecuado o los líderes elegidos democráticamente son corruptos es funcional a las elites militares para controlar el país. Bangladesh, con una oposición entre Begum Khaleda Zia y Sheikh Hasina, podría añadirse a esta lista. La convocatoria inmediata de las elecciones pospuestas y la vuelta de las libertades políticas y civiles parece la única salida para este callejón en que el gobierno provisional ha situado a Bangladesh, afirma el autor.











