Por Mbuyi Kabunda (para Safe Democracy)

Mbuyi Kabunda explica las causas de la emigración africana –tanto la que se da dentro del continente como la destinada a Europa— y afirma que la solución consiste en considerarla no como un delito, con su consiguiente criminalización, sino como un derecho a la vida y a la supervivencia. Kabunda analiza las consecuencias de esta emigración y afirma que son las desigualdades económicas, políticas, sociales y culturales con Europa las que constituyen el verdadero efecto llamada.


Mbuyi Kabunda es profesor y miembro del Instituto Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo. Asimismo, es profesor del Master en Relaciones Internacionales y Comunicación, y Expertos de los Países del Sur de la Universidad Complutense de Madrid y del Doctorado de Relaciones Internacionales y Estudios Africanos de la Unversidad Autónoma de Madrid.

Mbuyo Kabunda.jpg LAS MIGRACIONES INTERNACIONALES, COMO CAUSA Y EFECTOS DE LA GLOBALIZACIÓN, han inaugurado una nueva era en la que el desarrollo y las relaciones internacionales se interrelacionan, con la consiguiente perdida de significado del concepto del Estado-nación.

El desigual nivel de vida cada vez más creciente entre el Norte y el Sur; la extensión de los medios de comunicación que han invadido el mundo rural africano con la difusión de imágenes de Europa paraíso terrenal; la crisis económica (que afecta a todas las capas sociales), junto a la descomposición política de los Estados africanos desde la década de los ochenta, todos estos aspectos se han convertido en poderosos factores de emigración de los africanos.

CAUSAS DE LA EMIGRACIÓN
En la actualidad –a pesar de la importancia de los factores económicos en la emigración africana– existen también razones sociales y culturales, que conducen a los individuos a abandonar su tierra o su país de origen. A ello cabe añadir los factores políticos que son determinantes. Los africanos huyen de la persecución a manos de los poderes establecidos y de las guerras, que afectan en particular el África Central y el África Occidental (Angola, RDC, Sudán, Ruanda, Grandes Lagos, Congo Brazzaville, Liberia, Sierra Leona, Costa de Marfil, etc).

En resumen, la precariedad, las catástrofes naturales, la ausencia de democracia, los conflictos locales, los proyectos de consumo, la supervivencia de comunidades locales, son los combustibles que alimentan la emigración/inmigración de los africanos.

TEMORES SIN FUNDAMENTO
Es preciso también subrayar que el temor de Occidente por la invasión de su territorio por los inmigrantes africanos no tiene ningún fundamento. Se suele perder de vista que África acoge a unos 40 millones de migrantes, en su mayoría migrantes internos en el continente. Europa sólo acoge a unos 18 millones de inmigrantes africanos. Por lo tanto, la migración africana es más horizontal que vertical.

Existe una polarización de movimientos migratorios hacia los países con altos índices de desarrollo o hacia las zonas económicamente más activas o más ricas. Países como Nigeria, Libia, Gabón, enriquecidos por el petróleo, o Sudáfrica, Botsuana o Kenia acogen a los trabajadores de los países vecinos o procedentes de otras zonas del África subsahariana. El África del norte se ha convertido en una tierra de inmigración y de paso para subsaharianos, que intentan cruzar el estrecho de Gibraltar, las islas sicilianas o dirigirse hacia las islas canarias.

CONSECUENCIAS NEGATIVAS Y POSITIVAS
La emigración africana tiene un lado positivo, y otro negativo. En el primer caso, los inmigrantes africanos han conseguido con sus remesas, que en muchos casos superan con creces el monto de la ayuda al desarrollo que reciben sus países, la construcción de pozos de agua, de carreteras, de escuelas y de, dispensarios. Es decir, la financiación de actividades y aspectos de desarrollo humano que suelen descuidar las agencias internacionales de desarrollo.

La parte negativa consiste en el fomento en la zona de una cierta “mentalidad de asistidos” y de la cultura de migraciones en la población, además de una pérdida de los elementos más dinámicos que necesita el continente para su desarrollo y la creación de Estados sólidos y viables, como consecuencia de la huida de brazos y de cerebros. El coste social y económico de la emigración es muy alto para África, que pierde cada año 20.000 cuadros que emigran hacia Europa y Estados Unidos. Es decir, un verdadero drama para el futuro y el desarrollo de África.

DESIGUALDADES ESTRUCTURALES
La solución consiste en considerar a la inmigración no como un delito, con su consiguiente criminalización, sino como un derecho, el derecho a la vida y a la supervivencia. Lo contrario sería adoptar actitudes contra-natura, e impedir los contactos y los intercambios entre los seres humanos, contactos que explican la actual evolución de la especie humana. Además, no puede existir ninguna frontera contra el hambre, la miseria o la persecución.

De ahí la apuesta por la erradicación de las desigualdades estructurales Norte-Sur. Las desigualdades económicas, políticas, sociales y culturales entre Europa y una África, cercana y empobrecida, constituyen el verdadero efecto llamada.