John Fund
11/2/2010
El decontento electoral de este año no reduce tan solo a la popularidad del Tea Party. Hoy en día, el descontento del Partido Democrático con el presidente es real. Todos los presidentes que han perdido la reelección en el último medio siglo han sido antes debilitados por una lucha primaria. Los progresistas siguen dolidos por el ataque de Robert Gibbs, portavoz de la Casa Blanca, del pasado agosto, cuando acusó a la «izquierda profesional» de no apoyar lo suficiente a Obama. David Sirota, eminente bloguero, afirma que los liberales se sienten respaldados por la Casa Blanca «al cien por cien». Fund concluye que tras la decepciónn en estas elecciones de mitad de mandato, algunos liberales seguirán la estrategia del Tea Party.
Fund es un columnista para WSJ.com.
Prácticamente en cada casa donde vive una persona africana por nacimiento u origen, se está produciendo un fenómeno psicológico catártico y transformador, una inyección de autoestima, una dignidad recobrada.
Muy probablemente sea el candidato demócrata quien deba enfrentar la certificación del debilitamiento de Estados Unidos en el mundo. En su mandato, la recuperación de la economía será el eje central pero jugará al equilibrio con las demandas internacionales.
Sepa cuáles serán los desafíos que encontrará el nuevo inquilino de la Casa Blanca para ejecutar los cambios en política exterior y en materia de seguridad prometidos durante la campaña.
Entre los demócratas, nadie duda de que Barack Obama será el próximo presidente de Estados Unidos. Pero, ¿y si ganan el miedo, las mentiras y las ofensas de la campaña republicana?
Pese a que la victoria de Obama parece un secreto a voces en el ámbito mediático como en el de la opinión pública, en el cuartel central del Partido Demócrata aún no se atreven a cantar victoria: temen el llamado efecto Bradley.
En el mundo multipolar emergente será imprescindible un liderazgo firme de Estados Unidos y de las diferentes potencias globales como la UE, China, Rusia, India y Brasil para avanzar en la resolución de los conflictos como Irak, Asia Central, el terrorismo, la proliferación, el deterioro ambiental y la pobreza, el conflicto más persistente.
La impresionante maquinaria puesta en marcha por Barack Obama para incorporar nuevos votantes no tiene parangón en la trayectoria de la política partidista norteamericana. Por esta vía el senador de Illinois y potencial presidente de Estados Unidos, ha logrado –en virtud de su instinto innovador– reinsertar en el sistema democrático a un contingente considerablemente significativo de desciudadanizados, integrantes del millonario conglomerado de nuevos votantes registrados. El «Main Street» elige a Obama por amplia mayoría.








