El proceso para el fin del terrorismo de ETA

Por Sagrario Morán (para Safe Democracy)

Sagrario Morán dice que el actual proceso de paz para el final de la violencia terrorista de ETA en España presenta elementos muy similares los de la tregua de 1998, con el Partido Popular en el gobierno. Morán cree que ante el estancamiento actual –que todos reconocen–, existen dos alternativas para evitar el colapso de la tregua: que ETA y el Gobierno español protagonicen un espacio de encuentro o que todos los partidos vascos se reúnan alrededor de una mesa de negociaciones para abordar el conflicto y lleguen a acuerdos.


Sagrario Morán es especialista en conflictos armados, terrorismo y violencia política. Es profesora de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid y de la Universidad Rey Juan Carlos I. Ha publicado “PNV-ETA. Historia de una relación imposible”, sobre la gestión de la tregua de 1998.

EL PROCESO PARA EL FIN DE LA VIOLENCIA puesto en marcha tras la declaración del alto el fuego permanente de ETA (22 de marzo), empieza a presentar elementos que fueron decisivos para la ruptura del penúltimo proceso. Hay que destacar que el alto el fuego ha sido el resultado de las conversaciones previas entre representantes del Gobierno socialista y dirigentes de la banda terrorista.

Recordemos que dos elementos que precedieron a la ruptura de la tregua que se abrió en septiembre de 1998 –tras la firma de un pacto entre el principal partido nacionalista vasco (PNV) y ETA–, fueron los disturbios callejeros protagonizados por los alevines violentos y el robo de material explosivo y armas en Francia.

LAS DIFICULTADES “OBJETIVAS”
Los motivos que llevaron a ETA a ejercer de nuevo prácticas violentas fueron la negativa del Gobierno del Partido Popular a abordar temas políticos y la disconformidad de la banda terrorista por el incumplimiento de lo acordado con el PNV para avanzar en la construcción nacional. Veinte muertos fueron el macabro saldo de sus atentados en los meses posteriores a la ruptura del alto el fuego.

Si volvemos al proceso actual, observamos que el ilegalizado partido Batasuna (el brazo político de ETA), afirmó de forma reiterada durante el verano que existían dificultades objetivas. Estas dificultades estaban originadas, entre otras razones y según su versión, por las actuaciones policiales y judiciales en contra de ETA y su entorno, así como por la política penitenciaria del Gobierno central y su negativa a derogar la Ley de Partidos que permitiera la legalización de la formación radical.

El PLANTEAMIENTO DE DOS ESCENARIOS
Tras el aviso, la violencia callejera regresó a las calles vascas y la organización armada endureció el lenguaje de sus mensajes. El último capítulo fue el robo de 350 pistolas y gran cantidad de munición, el pasado 23 de octubre en Francia. Los hechos expuestos están provocando que el proceso atraviese una situación de estancamiento, situación que todos los partidos políticos reconocen.

El proceso actual plantea dos escenarios:

• En el primero, ETA y el Gobierno español protagonizarían un espacio de encuentro para resolver los temas que afectan a la organización, como la situación de los presos.

• En el segundo, todos los partidos vascos se reunirían alrededor de una mesa para abordar el conflicto y llegar a acuerdos.

La crisis de la que se habla en estos momentos –si bien a ojos del observador parece producirse en el primer escenario– vendría motivada, al igual que en el anterior proceso, porque la banda no ve que la mesa política esté prosperando.

LA PIEDRA ANGULAR
ETA, en desacuerdo con la hoja de ruta que plantea primero la paz y luego la política, no está dispuesta a abandonar la violencia sin cobrarse el precio político de la autodeterminación y la territorialidad (las tres provincias de la CAV, Navarra y los territorios vascofranceses). El portavoz de Batasuna reconoció hace unos días que el proceso podría afianzarse a medio plazo a través de la vía de los partidos políticos.

Para ETA y su entorno el resultado de la mesa política sigue siendo la piedra angular para que el proceso de fin de la violencia culmine. Es por ello que la desvinculación de las dos mesas es hoy uno de los primeros temas que deben acordar los diferentes actores implicados en el proceso. Con la propuesta de Anoeta (noviembre 2004) en la que Batasuna, además de comprometerse a sacar el conflicto de las calles, planteó la metodología de las dos mesas, se pensó que la desvinculación era un hecho, pero no fue así.

VUELTA ATRÁS EN EL CASILLERO
La realidad es que el robo de armas en Francia nos sitúa como la mejor opción en el punto de partida del proceso, al obligar al Gobierno a poner en marcha una nueva verificación del alto el fuego –fase que pareció superada la pasada primavera–, o como peor pronóstico en la antesala del regreso a la violencia.

Aunque no hay ningún proceso que no atraviese crisis y lo normal es que se vivan momentos de avance y retroceso durante las distintas fases –los procesos sudafricano y norirlandés nos pueden decir mucho al respecto–, debemos aplicar las enseñanzas de lo ocurrido. Y aún reconociendo que las bases son más sólidas, es cierto que el riesgo de ruptura de la tregua existe.

ETA no parece estar dispuesta a dejar de tutelar el proceso político, y no impedirlo sería vincular las dos fases de la hoja de ruta, algo que hay que evitar para que su sombra no distorsione el acuerdo entre las formaciones políticas y empañe de vergüenza el respeto que se merecen las víctimas.

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