El principio de acuerdo derivado de las negociaciones a seis bandas, referentes al programa nuclear norcoreano, representa un gran avance para llegar a la solución pacífica en un conflicto de larga duración, dice el autor, que piensa que, a diferencia de las pasadas negociaciones, esta vez China está desempeñando un papel decisivo, buscando la estabilidad y la paz duradera en la región. El interrogante es saber qué repercusiones tendrá la voluntad de Japón y de Estados Unidos de normalizar sus relaciones con Corea del Norte. He aquí, algunas respuestas.


EL PRINCIPIO DE ACUERDO SURGIDO DE LAS NEGOCIACIONES A SEIS BANDAS para tratar el problema nuclear norcoreano es sin duda una buena noticia, pero hay que valorarla en su conjunto. No es la primera vez que acuerdos esperanzadores acaban en papel mojado por los incumplimientos reiterados de alguna de las partes o incluso en varios de los implicados.

Los acuerdos de 1994 que dieron lugar al llamado Acuerdo Marco y la formación de la Organización para el Desarrollo de la Energía de la Península de Corea (KEDO) representó la mayor esperanza de conseguir una solución pacífica al problema de la península coreana, junto al encuentro del año 2000 entre los líderes de ambas partes del paralelo 38. Sin embargo, también es importante recordar que en diciembre de 2002 Kim Jong-il decidió reiniciar el reactor en Yongbyon y forzó la salida de los inspectores de Naciones Unidas. Coincidiendo también con la llegada de la nueva administración republicana a Washington y su nueva visión del mundo, incluido su llamado eje del mal.

EL PAPEL DE CHINA
La gran diferencia con la que nos encontramos ahora es el decisivo papel que está jugando Pekín. A diferencia de períodos anteriores en donde el principal objetivo chino era evitar una victoria estadounidense, ahora la meta es la estabilidad y la paz duradera en la península.

Una región en permanente tensión no es buena para los intereses de desarrollo de China –tan necesitada de tranquilidad interna–, como tampoco lo es que Japón decida tomar el camino rápido del rearme recubierto de un nacionalismo rancio que sólo hace despertar viejos fantasmas en la zona.

La ayuda alimenticia y contraprestaciones energéticas (hasta un millón de toneladas de petróleo y otro millón de kilowatios) ofrecidas a Pyongyang pueden ser un precio razonable por conseguir el desmantelamiento del programa nuclear norcoreano. Lo anterior a pesar de que al ex embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, John Bolton, le parezca un grave error y un signo de debilidad de la administración Bush.

UNA POSTURA NOVEDOSA
Unas señales, según sus palabras que podrían ser mal interpretadas en otras zonas de planeta como en Irán o Irak, los otros dos integrantes de tan peculiar eje del mal.

Sin embargo, lo más destacado e importante de este principio de acuerdo puede ser la voluntad de Tokio y de Washington de normalizar sus relaciones con Pyongyang.

Esta novedosa postura, después de años insistiendo en las negociaciones multilaterales, puede significar un verdadero salto cualitativo para llegar a la solución pacífica de un problema que hace que la Guerra Fría siga sin ser un episodio concluido en los libros de Historia.