El debate en torno a la retirada y a la estabilización del país

Por Rafael Moreno I. (para Safe Democracy)

La estabilización del conflicto iraquí sigue siendo extremadamente difícil y la solución (si la hay) pasa por un consenso político entre actores como Irán, Arabia Saudí y Pakistán pero también a la implicación más activa por parte de Europa. No está claro que la solución pase (sólo) por el retiro de las tropas.

ADEMÁS:
¿Un cambio de estrategia?: Estados Unidos y la guerra contra el terrorismo
, por Zidane Zeraoui
PLUS: El síndrome de Irak: La huida hacia delante de Washington, por Luis Méndez Asensio


Rafael Moreno Izquierdo es profesor del Departamento de Derecho Internacional Público de la Universidad Carlos III de Madrid y del Departamento de Periodismo de la Universidad Complutense.

Es experto en Operaciones de Paz, Gestión de Conflictos y Comunicación en situaciones de Crisis. Ha publicado “Militares españoles en el Mundo” y numerosos artículos en revistas como Política Exterior y Foreign Policy (edición española).

PARECE QUE TODO EL MUNDO empieza a pensar que la solución de Irak pasa por salida de los soldados estadounidenses cuanto antes. No estoy tan seguro. No tengo claro que un menor número de tropas de Washington signifique necesariamente más seguridad.

El objetivo de Al Qaeda no es sólo matar a estadounidenses o deslegitimar a George W. Bush. El objetivo de Al Qaeda –no lo olvidemos–, es tomar el control del país. Convertirlo, como hizo con Afganistán, en una plataforma para exportar su terrorismo y sus ideas radicales por todo el mundo.

En los últimos meses han muerto más iraquíes (suníes y chiíes) que estadounidenses. La meta es desestabilizar el país para hacerlo ingobernable a cualquier fracción o partido.

La pregunta puede hacerse a la inversa también. ¿Más soldados significa más seguridad? En este momento, la Casa Blanca piensa que sí y, por eso, ha reforzado la presencia militar con más de 30.000 hombres.

NUEVAS ESTRATEGIAS Y NUEVAS INCÓGNITAS
El resultado es, digamos, más que incierto, pero ligeramente positivo. Las bombas indiscriminadas siguen saltando por los aires aunque no es menos cierto que Bagdad está –en términos generales ligeramente– mejor que hace unos meses. A los medios de comunicación occidentales les da igual dónde se producen los atentados y, por tanto, siguen poniendo en los informativos de televisión sangrientas imágenes de muertos y heridos que consolidan la percepción negativas de las opiniones públicas a ambos lados del Atlántico.

Pero en verdad, algo se ha avanzado. La definición de una estrategia para una estabilización del conflicto iraquí sigue siendo extremadamente compleja, pero lo que está claro es que hasta Washington se ha dado cuenta de que no es exclusivamente militar. La solución (si la tiene) pasa por un consenso político entre muchos actores (alguno directamente involucrado como Irán y otros igual de afectados aunque a distancia, en Europa).

En este sentido, es positiva la pragmática posición de Washington de formar un comité conjunto con Irán e Irak para proponer una estrategia de seguridad coordinada. El comité actuará en tres áreas concretas: el control de la actividad de las milicias violentas, la lucha contra el terrorismo de Al Qaeda y la vigilancia de las fronteras para evitar el contrabando de armas.

La principal incógnita ahora es saber si Teherán, Washington y Bagdad están dispuestos a actuar de buen fe y cortar cualquier fuente de alimentación de los terroristas. En este sentido, no está claro cuál es el interés final de los iraníes y, sobre todo, si realmente respetarán un Irak unido sin interferir en sus asuntos internos. De todas maneras la implicación de Irán en la solución de Irak no es suficiente.

¿Y EL RESTO DE ACTORES?
Europa tiene también que subirse al tren. Muchos gobiernos europeos actuales tienen la tentación de esperar a que se produzcan las elecciones presidenciales en Estados Unidos para cobrarle a Bush su autosuficiencia y desdén. Entendible en términos puramente populistas, es una estrategia arriesgada. Ya no queda ningún líder europeo de la foto de las Azores en el poder y es hora de pasar página. Los Sarkozy, Merkel y Brown no deben ser rehenes del pasado sino del compromiso con sus ciudadanos. La relativa calma que ha logrado el nuevo responsable militar norteamericano para Irak, el general Petraeus, puede no durar mucho y quizá entonces sea demasiado tarde.

Igual podríamos decir respecto a otros países de la región como Arabia Saudí y Pakistán. Todo lo que no sea una propuesta conjunta –recuperando el verdadero espíritu del 11-S– es conceder oxigeno a Al Qaeda. El deterioro de la situación sólo beneficia a los violentos, a los radicales y a los terroristas. El ejemplo gráfico es Palestina.

La imagen y legado de Bush ya ha pagado el precio de su arrogancia. Es mejor que el mundo civilizado piense de forma egoísta, en lo que le beneficia a sí mismo a largo plazo, y no en humillar al político norteamericano. Seguro que casi todos tenemos algo por lo que pedir perdón. Pero lo importante es trabajar por un mundo más seguro.

La Fundación Safe Democracy le invita a suscribirse gratis a los dos boletines electrónicos semanales (martes y jueves), con el análisis y los comentarios de nuestros expertos internacionales (pinche aquí).