Superados los desencuentros de la Guerra Fría, la seguridad nuclear parecía ser, en los últimos meses, el elemento de unión entre Estados Unidos e India; sin embargo, factores como la guerra de Irak o la crisis con Irán han vuelto a despertar los recelos entre Washington y Delhi, con la consecuente paralización del acuerdo nuclear establecido.

(Desde Delhi) HACE AÑO MEDIO, la aproximación entre Washington y Delhi, después de décadas de desencuentros y suspicacias, parecía haber encontrado un fuerte elemento catalizador: la seguridad nuclear.

A Washington le interesaba que la región de Asia Meridional entrara en una fase de estabilidad, por su proximidad al teatro de acción contra el terrorismo jihadista internacional.

Durante la guerra fría, el apoyo norteamericano a Pakistán había dificultado el diálogo de Washington con India. Los herederos de Nehru mantuvieron su política de no alineamiento y diálogo constructivo con el bloque del Este, por no hablar de la cooperación militar con Moscú. Como consecuencia en parte de esto, las relaciones económicas y comerciales entre los dos países no terminaron de superar niveles discretos.

FACTORES QUE CONDUCEN A LA COOPERACIÓN

“En un marco de necesaria cooperación, Bush optó por reconocer el estatus de potencia nuclear de India y levantó las objeciones a que desarrollara su programa nuclear civil”

Concluida la Guerra Fría y diluidas las rígidas alianzas de ese periodo, varios factores han venido trabajando en la superación de estas diferencias. El primer lugar, el temor a la proliferación nuclear ha propiciado que las grandes potencias trabajaran por rebajar la tensión entre los dos grandes enemigos de la zona: India y Pakistán.

Un segundo factor ha resultado decisivo: el despegue económico de India, tras la introducción de políticas liberalizadoras en 1991. Las compañías multinacionales norteamericanas vieron en India dos campos de inmensas oportunidades: un mercado de más de mil millones de personas y una reserva impresionante de mano de obra muy barata.

Consciente de la oportunidad histórica, el gobierno indio estableció su nueva doctrina nuclear, como nos explicaba el General Raghavan, ex jefe del contingente en Cachemira y hoy destacado analista en el think tank Delhi Policy Group: No haremos más test; no trasferiremos conocimientos tecnológicos; no seremos los primeros en utilizar armamento nuclear.

En este marco de necesaria cooperación, la administración Bush optó por reconocer el estatus de potencia nuclear de India y levantó las objeciones a que India adquiriera el combustible y la tecnología para el desarrollar su programa nuclear civil.

LA APARICIÓN DE NUEVAS DISCREPANCIAS

“India vio con buenos ojos la oferta de cooperación energética de Irán. En consecuencia, algunos congresistas norteamericanos empezaron a dudar del acuerdo nuclear y a plantear si no se había confiado demasiado en Delhi”

George W. Bush creía haber encontrado un nuevo aliado en esa zona volátil del planeta y las autoridades indias se dotaban de una fuente suficiente de energía para garantizar la expansión económica y productiva del país.

Pero el acuerdo precisaba de la validación interna. Bush confiaba en obtener la ratificación del acuerdo en el Congreso de Estados Unidos. Y así parecía que iba a suceder, sobre todo después de que el legislativo concediera la luz verde preliminar en diciembre del año pasado.

Sin embargo, las cosas se torcieron después. La falta de entendimiento en torno a la guerra de Irak no contribuyó a mantener el espíritu de entendimiento. Pero lo que más influyó en el enfriamiento fue la crisis con Irán.

Los indios vieron con muy buenos ojos la oferta de cooperación energética que les propuso la República islámica. India no puede permitirse la más mínima ralentización de su aparato productivo y el gas iraní resultaba un instrumento interesante. En consecuencia, algunos congresistas norteamericanos, tanto republicanos como demócratas, empezaron a dudar del acuerdo nuclear y a plantear si no se había confiado demasiado en Delhi.

“Singh dejó claro en octubre que era más importante la estabilidad del gobierno que salvar el acuerdo nuclear con Washington”

Empezaron entonces a ponerse de manifiesto los agujeros o ambigüedades del acuerdo nuclear. En particular, que no se estableciera con rotundidad que si India realizaba otro ensayo nuclear, Estados Unidos suspendería automáticamente el suministro de combustible. En la propia administración empezaron a aflorar también serias dudas, hasta alcanzar un punto en el que las dos administraciones signatarias empezaron a airear en público diferentes interpretaciones sobre este aspecto.

¿GARANTÍA PARA LAS BUENAS RELACIONES?

Esta primavera, cuando las discrepancias eran ya evidentes, el General Raghavan nos señalaba, en Delhi, lo siguiente: India continuará con la producción de material que puede estar destinado a una cabeza de misil. Pero India no está en el negocio de la construcción de 10.000 cabezas nucleares como lo estuvieron otras potencias. Seguimos una política de mínima producción, se fabrican solo las cabezas nucleares necesarias.

Para terminar de complicar las cosas, los comunistas amenazaron con derribar al gobierno del que forman parte si el primer ministro mostraba signos de debilidad ante Washington o ante el Grupo de Proveedores Nucleares (GPN, la asociación internacional de los países que producen energía nuclear y que se encuentran en contra de la utilización de esta energía para elaborar armas nucleares) y admitía injerencias, es decir, inspecciones demasiado ambiciosas. Singh dejó claro en octubre que era más importante la estabilidad del gobierno que salvar el acuerdo nuclear con Washington.

Los analistas de las relaciones indio-norteamericanas creen que las autoridades del Delhi confían en que el volumen de los intereses económicos mutuos y las oportunidades de inversiones y ganancias de empresarios estadounidenses en aquel país neutralicen un empeoramiento de las relaciones. Pero autorizadas voces del Congreso estadounidense no descartan que Delhi puedan estar haciendo una lectura equivocada de las necesidades e intenciones de Washington.