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El origen y la expansión a escala mundial de los think tanks o usinas de ideas: ¿tiene que ver con una mayor implicación de la sociedad civil en las tareas de gobierno? ¿o se trata, en cambio, de una respuesta ante la crisis de representación de los partidos políticos? ¿Sirven de puentes entre los gobernantes y los ciudadanos? ¿O de un nuevo modelo elitista donde los expertos sustituyen a los políticos tachados de demagógicos y populistas en el poder? A continuación, la primera parte de un análisis sobre la trascendencia y repercusión de los think tanks en las ciberdemocracias actuales.

LA INFLUENCIA CRECIENTE DE LOS THINK TANKS o usinas de ideas en las democracias contemporáneas atrae la atención académica y motiva diferentes lecturas. Este amplio parque temático de centros de investigación, análisis y producción intelectual y grupos de expertos que ofrecen consejos y difunden ideas entre círculos influyentes y líderes de opinión sobre temas políticos y económicos nacionales e internacionales, puede verse como parte de un desarrollo político-cultural consistente con la mayor vinculación de la sociedad civil en la vida política y la mayor complejidad de las tareas de gobierno en las sociedades actuales; o puede verse, por el contrario, como resultado de la crisis de las formas tradicionales de representación y participación política, los partidos políticos, y la búsqueda de mecanismos supletorios que cubren el espacio que éstos dejan de ocupar.

“Los think tanks han pasado a formar parte del sistema político en Estados Unidos, sea como portavoces de las corrientes políticas dominantes o como centros de análisis especializado” Ambas tendencias y procesos (el avance de la sociedad civil y el retroceso de los partidos en la vida política) coexisten y merecen una atención especial y diferenciada. En democracias más antiguas como las de Europa occidental y Estados Unidos, los think tanks surgen como grupos de presión e influencia sobre los nervios del gobierno y sobre la opinión pública, como complementos o contrapesos de las estructuras burocráticas del Estado y los aparatos y maquinarias partidarias representando ideas o intereses específicos. En ocasiones, pueden modificar o desviar parcial o completamente la dirección o el contenido de algunas políticas del Ejecutivo y decisiones legislativas, y hasta llegan a reemplazar lisa y llanamente unas políticas por otras. En otras, ofrecen la posibilidad a los gobernantes de corregir errores, mejorar sus políticas y responder a las múltiples, vertiginosas y cambiantes demandas en la era de la política globalizada y del gobierno on-line en tiempo real.

EL ORIGEN DE LOS THINK TANKS

Cabe recordar que en su origen, estos think tanks aparecen en Estados Unidos relacionados con instituciones académicas, corporaciones y empresas privadas y organismos del complejo militar-industrial. Se trataba de nuclear teóricos y académicos de distintas disciplinas que elaboraran análisis o recomendaciones políticas con el fin de proveer insumos intelectuales y producir ideas fuerza para influir en sitios sensibles o relevantes del gobierno y la sociedad civil, en los ámbitos parlamentarios y ejecutivos, y en la opinión pública.

Los think tanks han pasado a formar parte así del sistema político en Estados Unidos, sea como portavoces de las corrientes políticas dominantes (liberales y conservadores) o como centros de análisis especializado. En América Latina se encuentran antecedentes más lejanos en centros de investigación académica e institutos de investigación económico-social que debieron actuar limitados por dictaduras militaresEn la evolución de la política exterior hubo momentos en que tuvieron una influencia decisiva en la reformulación de las orientaciones y en marcar un nuevo curso para las cuestiones estratégicas claves. El papel de los think tanks neoconservadores en la Administración Bush, en la drástica reorientación de la política exterior norteamericana y en la propia decisión de ir a la guerra en Irak ha sido, por demás, tratado y señalado como una distorsión de tremendas consecuencias.

A partir de los años ochenta, la creación de estos renovados soportes intelectuales anexos a gobiernos, partidos, grupos de poder y medios de comunicación comienza a difundirse en Europa y América latina. Particularmente, a partir de los años noventa tras el fin de la Guerra Fría, con la expansión de Internet, los procesos de democratización y las reformas de mercado, había que ocuparse de nuevas agendas y tareas, y allí estaban los equipos de expertos listos para proveer sus recomendaciones. En el caso europeo, confluyen o surgen relacionados con las fundaciones políticas y centros académicos de investigación y análisis de más antigua data.

LOS THINK TANKS EN AMÉRICA LATINA

En América Latina también se encuentran antecedentes más lejanos en centros de investigación académica e institutos de investigación económico-social que debieron actuar limitados u ocluidos por dictaduras militares. Se abre una primera etapa durante los procesos de transición a la democracia y primeras gestiones de gobiernos democráticos, con fundaciones y centros de estudio promovidos como expresiones intelectuales de los partidos políticos o de índole académico, con objetivos como la formación de dirigentes, la cooperación internacional y la recepción de financiamiento para proyectos vinculados con la promoción de la democracia. Encuentran contrapartes para ello en fundaciones y centros internacionales, europeos y estadounidenses. “La tecnocracia anti-política puede acceder al poder de la mano de liderazgos autoritarios y su influencia crecer cuando no existen adecuados mecanismos de control público y confrontación de ideas”

En una segunda etapa, en los años ochenta y noventa, comienzan a desarrollarse dos tipos de núcleos: por un lado, asociaciones y ONG’s que se definen como representaciones de la sociedad civil frente a las instituciones políticas, en defensa de determinadas ideas o derechos. Por el otro, institutos y centros que siguen el modelo anglosajón de grupo de influencia sobre las políticas de gobierno o sobre el sistema político.

Una tercera etapa, en los últimos años, muestra la consolidación de algunas de estas experiencias, la interconexión entre ellas en forma de Redes (Observatorios electorales, de políticas sociales, ambientales, de Defensa y seguridad, Libertad de prensa, corrupción, Derechos humanos). Por otra parte, se observa una multiplicación de otras intervenciones, asociadas con movimientos sociales o de opinión relacionados con reivindicaciones o temas de interés específico, vinculados con los fenómenos de resistencia a la globalización, ambientalistas o contrarios a la guerra.

EL MONSTRUO MÁS TEMIDO

Finalmente, aunque no quepa su identificación como think tanks, cabe apuntar en esta nueva territorialidad potenciada por las tecnologías de la información, la difusión de webs de Ideas o páginas en la Red directamente dirigidas a generar un espacio de comunicación, encuentro y referencia para comunidades de ciudadanos o sociedades de internautas que no necesariamente buscan una influencia directa sobre políticas o decisiones de gobierno, pero que indirectamente pueden ejercerla (ver, al respecto, el reciente y excelente libro de Javier del Rey Morató, “Comunicación política, Internet y Campañas Electorales. De la teledemocracia a la ciberdemocracia”, Tecnos, Madrid, 2007).

Se trata, en definitiva, de nuevos campos de confluencia, entre el conocimiento y la política y entre el Estado y la sociedad.

Estos campos pueden ampliar y enriquecer a las democracias representativas cuando operan como un puente entre gobernantes y ciudadanos, o puede apenas emular los viejos modelos elitistas de la democracia en los que les tocaría a los expertos y administradores reemplazar a los políticos tachados de demagógicos y populistas en el poder.

La experiencia indica que esta segunda variante suele coincidir bastante con el monstruo más temido: la tecnocracia anti-política accede al poder de la mano de liderazgos autoritarios y su influencia crece cuando no existen adecuados mecanismos de control público y confrontación de ideas.

 

Enlaces:

El Instituto de Investigación en Política Exterior (FPRI) de Filadelfia acaba de publicar un extenso estudio sobre los 5.080 think tanks y programas de la sociedad civil que ha contado en el mundo en el mundo, y elegido (tras la valoración de expertos) a los 10 mejores.