cristinapresidente.jpgCristina ha disipado las dudas sobre sus capacidades para ejercer en plenitud la autoridad presidencial. La particular fórmula política inaugurada junto a su marido, Néstor, convertido en bastante más que un primer caballero con funciones protocolares, ha resultado más complementaria que excluyente: Cristina como Jefa de Estado, al frente del Ejecutivo, Néstor como jefe político del oficialismo. Sin embargo, la fórmula del matrimonialismo dista aún de la idea de una democracia de dos motores, dice el autor.

(Desde Buenos Aires) EN APENAS TRES MESES, los argentinos se acostumbraron con total naturalidad a la novedad histórica de tener una Señora presidenta ejerciendo el gobierno, con aciertos y desaciertos. No es poca cosa. Cristina Fernández de Kirchner ha cumplido esta semana sus primeros cien días sin respiro, pasando exámenes que pusieron a prueba su capacidad de gestión y las aptitudes para encarar los principales desafíos que se ha propuesto sumados a las circunstancias imprevistas que se le presentaron.

La jefa de Estado se concentró en imprimirle continuidad a un modelo económico que mantiene al país creciendo al 8 por ciento anual por quinto año consecutivo y que, sin embargo, todavía tiene sus deudas en materia de pobreza y desigualdades, crecientes problemas con la inflación y la calidad institucional. La creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología marcó una de las pocas innovaciones respecto de la gestión de su predecesor y marido Néstor Kirchner, sin grandes reestructuraciones y con la continuidad de la mayoría de los principales colaboradores, Alberto Fernández como Jefe de Gabinete y Julio De Vido como ministro de Infraestructuras, más algunos funcionarios cuestionados, como los secretarios de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y el de Transporte, Ricardo Jaime. “CK ha tenido varias pruebas de fuego, y ha salido airosa de las mismas, no sin desgastes, traspiés, pasos en falso y dificultades insalvables”

Sin luna de miel pero con un holgado margen de maniobra inicial, en líneas generales puede afirmarse que el balance es razonable, bastante mejor que lo prefigurado por las previsiones más temerarias aunque algo menos alentador y sereno que lo que permitían imaginar las perspectivas más pletóricas de optimismo. En primer lugar, la presidenta Kirchner, primera mujer en el ejercicio del poder salvando la excepción del interregno de la viuda de Perón en 1974-76, ha demostrado estar en condiciones de asumir en plenitud los atributos del mando, una primera incógnita que encontró favorable respuesta.

LA GESTIÓN DE CRISTINA EN MATERIA ECONÓMICA: ENTRE PULSOS Y TENSIONES

Y no lo tuvo fácil. Se esperaba un frente externo con el camino más allanado y un frente doméstico más conflictivo, pero desde el primer día tuvo que lidiar con sobresaltos, escándalos e imponderables en las relaciones exteriores. Ha tenido varias pruebas de fuego, tanto en el orden de la política interna como externa, y ha salido airosa de las mismas, no sin desgastes, traspiés, pasos en falso y dificultades insalvables. “Cristina tuvo que reconocer las dificultades que afronta el país en materia energética y lanzar un plan nacional de ahorro para evitar posibles cortes en la próxima época invernal”

Sin poder revertir todavía las sospechas sobre la manipulación del Indec, instituto estadístico estatal, y las mediciones inflacionarias a la baja contrastando con los evidentes aumentos de precios, la gestión de CK mantiene además varios pulsos y tensiones abiertas por la continuidad de una política económica que tiene al control de precios y las retenciones a las exportaciones agropecuarias como principales iniciativas estratégicas.

Con su proyecto de pacto social en suspenso, es central la alianza que su Gobierno mantiene con el líder de la Confederación General del Trabajo (CGT), Hugo Moyano, así como con grandes líderes del empresariado, que ven con buenos ojos el virtual techo del 20 por ciento para los aumentos salariales establecido en la Casa Rosada para las paritarias de este año. A este ritmo de crecimiento, Cristina tuvo que reconocer las dificultades que afronta el país en materia energética y lanzar un plan nacional de ahorro para evitar posibles cortes en la próxima época invernal. Para ello, la presidente ratificó además la alianza estratégica con los países de la región, especialmente con Brasil, Venezuela y Bolivia.

SOBRESALTOS DE LA AGENDA INTERNACIONAL

Pero es precisamente en materia de la agenda internacional que Cristina tuvo que afrontar problemas inesperados como el escándalo de las maletas con petrodólares procedentes de Venezuela y cargadas en un avión oficial que motivó un fuerte entredicho con Estados Unidos, la crisis de los rehenes de las FARC y el conflicto regional entre Colombia y Venezuela. “La imagen positiva de la presidenta se mantiene en niveles altos, aunque con una ligera caída en estos primeros tres meses y sin la amplitud del respaldo que tuvo su marido y antecesor al iniciar su mandato cuatro años atrás”La intervención directa del ex presidente Kirchner en la selva para negociar la liberación de rehenes en manos de la guerrilla colombiana fue una jugada que volvió a poner a su marido en el centro de la escena, en medio de los vaivenes que tuvo el país en el plano internacional, un área que presuponía desde el inicio una acción distintiva por parte de Cristina.

Otros episodios golpearon lateralmente al Gobierno, como el caso de las franquicias ilegales otorgadas para importar y revender coches importados por vía diplomática en el Ministerio de Asuntos Extriores (Cancillería) y la polémica visita del dictador africano Obiang Nguema a Buenos Aires.

Pese a todo, Cristina Kirchner ha disipado las dudas sobre sus capacidades para ejercer en plenitud la autoridad presidencial marcando los tiempos de su gestión. La particular fórmula política inaugurada junto a su marido, el ex presidente Néstor Kirchner, convertido en bastante más que un primer caballero con funciones protocolares, ha resultado más complementaria que excluyente; una bicefalia con distribución funcional de tareas: Cristina como Jefa de Estado, al frente del Ejecutivo, Néstor como jefe político del oficialismo, ocupado en poner nuevamente en marcha al Partido Justicialista, que estuvo en estado de hibernación y fractura implícita en los últimos años.

MATRIMONIO QUERIDO Y BIEN AVENIDO

“Por la vía de este liderazgo bicéfalo, se están esquivando con gran habilidad los atolladeros propios del hiper-presidencialismo”La imagen positiva de la presidenta se mantiene en niveles altos, aunque con una ligera caída en estos primeros tres meses y sin la amplitud del respaldo que tuvo su marido y antecesor al iniciar su mandato cuatro años atrás. Según la principal consultora que se ocupa de estas mediciones, Poliarquía, CK arrancó con niveles del 51 por ciento de apoyo, subió al 56 por ciento en el primer mes y se encuentra ahora en 54 por ciento sumando quienes dicen tener una imagen buena y muy buena.

El destino de los Kirchner parece unido también en los números. El ex presidente mide mejor que su esposa, pero cuando uno de los dos sube en las encuestas, también lo hace el otro, y cuando uno baja, el otro lo acompaña. Así, los dos integrantes del matrimonio Kirchner llegaron a su pico más bajo de imagen favorable antes de las elecciones de octubre último, cuando ella medía 34 y él, 45 puntos. Pero desde ahí, los índices subieron hasta llegar a los 56 puntos que mostraba la presidenta y los 64 puntos de imagen positiva que tenía su marido al cabo de estos primeros meses del 2008.

LOS PROS Y LOS CONTRAS DEL LIDERAZGO COMPARTIDO

Como queda en evidencia, estamos hablando de una democracia presidencialista que se ha recompuesto de sus graves crisis con rasgos de matrimonialismo, categoría algo exótica para la ciencia política e indicador de una modernidad periférica que sigue conteniendo rasgos fuertemente personalistas y patrimoniales. “Ningún otro gobierno hubiera podido resistir en el pasado el enojo simultáneo del poder militar, eclesiástico, gremial y agroganadero al mismo tiempo” Pero aquí también está ocurriendo un fenómeno interesante. Por la vía de este liderazgo bicéfalo, se están esquivando con gran habilidad los atolladeros propios del hiper-presidencialismo, un presidencialismo atenuado por defecto, que permite desconcentrar las presiones que naturalmente convergen sobre la cúspide del poder y mantener una línea de reserva de capital político, con banco de suplentes incluido, detrás del Gobierno.

El costo es la persistencia de un fuerte desequilibrio de poderes entre el Ejecutivo y el Legislativo. A pesar de que han desaparecido las circunstancias de excepcionalidad de la hiperinflación de 1989 y la crisis de 2002, el Congreso ha prorrogado por séptimo año consecutivo una Ley de Emergencia Pública que se remonta a la legislación de cuño delegativo aprobada a comienzos de la década del 90 bajo el gobierno de Carlos Menem, y que le proporciona al Gobierno amplias facultades en materia presupuestaria y administrativa. “La acumulación de reservas del Banco Central en una cifra récord de 50 mil millones de dólares, la más alta de la historia, funciona como un escudo ante un contexto de crisis”

En el mismo sentido puede anotarse, por contraste, un dato de fortaleza democrática como el de la asombrosa irrelevancia de la presión corporativa: ningún otro gobierno hubiera podido resistir en el pasado el enojo simultáneo del poder militar, eclesiástico, gremial y agroganadero al mismo tiempo. Ya no hay poder militar en condiciones de plantear demandas bajo amenaza de golpe de Estado, ni poder eclesiástico con capacidad de veto de las políticas sociales, educativas y culturales ni poder sindical o empresarial colocando o derribando a los ministros de Trabajo y Economía. Un cierre patronal de las entidades rurales, en protesta por el alza de las retenciones, no altera los nervios del poder. La acumulación de reservas del Banco Central en una cifra récord de 50 mil millones de dólares, la más alta de la historia y casi cinco veces la suma que había en 2003, funciona como un escudo ante un contexto de crisis, aunque el ministro de Economía, Martín Lousteau admitió que es legítimo discutir algún uso de estos recursos para mitigar necesidades urgentes.

EL DESAFÍO DE GOBIERNO Y OPOSICIÓN

Sin embargo, no debe confundirse esta fórmula presidencial ejercida por los Kirchner con la idea de una democracia de dos motores, con condiciones para favorecer un juego de alternancia y coexistencia entre oficialismo y oposición. Para ello es necesario reconstruir fuerzas políticas organizadas (sean éstas como grandes partidos o coaliciones) sobre el vacío dejado por la fragmentación de los viejos partidos nacionales, el peronismo y el radicalismo, las migraciones de los dirigentes y la dilución de las identidades políticas masivas.

Éste es uno de los mayores desafíos que tienen por delante unos y otros; el Gobierno para evitar que la puja distributiva, las presiones inflacionarias y el recalentamiento de la economía se superponga con la lucha por la sucesión y le estalle entre las manos. La oposición, para aspirar a recomponer una opción política verosímil a las múltiples variaciones que ofrece el peronismo como fuerza gobernante. Y en esa dirección se están moviendo, con la mira puesta en 2009, primera renovación legislativa de este mandato, y el 2011, próxima y aún lejana renovación presidencial cuando los Kirchner completen dos mandatos consecutivos.