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La fuerte subida de los precios de los alimentos en el mundo tiene causas diversas y complejas, pero se puede resumir en lo siguiente: la demanda ha subido mucho más que la oferta. Si los países desarrollados no se ponen de acuerdo y no ponen dinero fresco para subsidiar la comida de los más pobres, millones de personas podrían morir de hambre.

(Desde Madrid) ¿POR QUÉ DOS ECONOMISTAS DEL SIGLO XVIII, XIX y comienzos del siglo XX, como Thomas Robert Malthus y John Keynes, tienen hoy, en 2008, tanta actualidad?

Porque sus teorías nos pueden ayudar a diagnosticar parte de lo que está ocurriendo en la economía y la política internacional (Malthus) y nos ofrecen respuestas (Keynes) para solucionar los problemas que se nos han venido encima y que podrían provocar millones de muertos si no se toman medidas drásticas y urgentes.

¿QUÉ ESTA OCURRIENDO?

“La era de los alimentos baratos se ha acabado, principalmente porque ha aumentado la demanda” Los medios económicos más importantes del mundo (The Economist, Wall Street Journal, Financial Times, Harvard Business Review, The McKinsey Quarterly) han dedicado extensos artículos y documentos a la misma pregunta: ¿por qué suben los precios de los alimentos en todo el mundo? La problemática es compleja, pero se puede resumir en lo siguiente: la demanda ha subido mucho más que la oferta.

La era de los alimentos baratos se ha acabado, principalmente porque ha aumentado la demanda. Solamente en los últimos 15 años, 400 millones de asiáticos se han incorporado como nuevos consumidores al mercado mundial. Es muy probable que otros 600 millones se sumen en los próximos 15. Una nueva clase media surgida de los países emergentes, sobre todo en los BRIC: China, India, Brasil y Rusia.

Se trata, desde mi punto de vista, “La crisis global de alimentos es una seria amenaza para la paz y la estabilidad mundial” de un proceso muy positivo de creación de riqueza en los países en desarrollo y de incorporación de millones de personas al mercado mundial, pero que está generando fuertes tensiones en todo el mundo por el alza de los precios de los alimentos, sobre todo en los 30 países más pobres de la tierra, donde están surgiendo millones de nuevos pobres que quedan debajo del índice de pobreza.

Los países desarrollados deben tomarse tan en serio esta crisis que se nos ha venido encima, como la que afecta a los mercados financieros. La crisis global de alimentos es una seria amenaza para la paz y la estabilidad mundial.

¿QUÉ PUEDE SUCEDER?

Si los países desarrollados no se ponen de acuerdo y no ponen dinero fresco sobre la mesa para subsidiar la comida de los más pobres, millones de personas podrían morir de hambre. Sólo en Asia se encuentran afectadas mil millones de personas por la crisis alimentaria global, según Rajat Nag, director general del Banco Asiático de Desarrollo (ADB). “El alza de los precios no afecta de la misma manera a todos. Hay ganadores y perdedores”

Para Naciones Unidas, la dramática escalada de los precios de los alimentos en todo el mundo se ha convertido en un desafío sin precedente, de proporciones mundiales, según declararon 27 jefes de agencias internacionales reunidos hace pocos días en Berna, Suiza.

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, exhortó a la comunidad internacional a donar 2.500 millones de dólares para financiar el Programa Mundial de Alimentos (WFP). Si no se obtienen estos fondos, veremos una hambruna generalizada, malnutrición y malestar social en una escala sin precedente, alertó.

“Lo más probable es que los alimentos continúen subiendo. La era de los alimentos baratos se ha acabado”

Pero el alza de los precios no afecta de la misma manera a todos. Hay ganadores y perdedores. Los países productores de alimentos que tienen superávit de tierras, cultivables, agua y capacidad productiva (Brasil y Argentina, por ejemplo) se beneficiarán. Pero los países importadores de alimentos, como África Occidental o los más pobres de Asia sufrirán fuertes convulsiones. Recordemos que en los países pobres el porcentaje sobre el salario dedicado a gasto en alimentos es altísimo.

Por lo pronto, lo más probable es que los alimentos continúen subiendo. Los analistas no se ponen de acuerdo sobre si el alza de los precios seguirá por dos años más, o cinco, o diez. La era de los alimentos baratos se ha acabado.

¿POR QUÉ AUMENTA LA DEMANDA Y SUBEN LOS PRECIOS?

“La demanda mundial de trigo en el período 1964-66 era de 1.000 millones de toneladas; en 2015 será de 2.500 millones de toneladas” Thomas Malthus, el brillante economista inglés (1766-1834), considerado el padre de la Demografía y conocido por su Essay on the Principle of Population (1798), explica que la población humana crece en progresión geométrica (por ejemplo, 5, 15, 45, 135, 405… es una progresión geométrica con razón igual a 3), mientras que los medios de subsistencia lo hacen en progresión aritmética (3, 5, 7, 9, 11,… en una progresión aritmética de constante 2).

1.260 millones de personas habitaban la tierra en 1850. Poco más de un siglo después, la población se duplicaba hasta alcanzar los 2.755 millones en 1955. En 2005 la población llegó 6.454 millones. La demanda mundial de trigo en el período 1964-66 era de 1.000 millones de toneladas; en 2015 será de 2.500 millones de toneladas, según la FAO.

Desde que Malthus publicó sus escritos, el desajuste entre oferta y demanda se fue resolviendo gracias al deslumbrante salto tecnológico en la producción de alimentos: genética, técnicas de labranza, maquinarias de avanzada, etc. Hoy vuelve a surgir el desequilibrio por el ingreso de nuevos consumidores en los países emergentes. Y este nuevo desajuste será resuelto –no inmediatamente, sino que demorará unos años– gracias a la innovación en ciencia y tecnología.

“Hay que aumentar la oferta mundial de alimentos, mediante la tecnología y la ciencia que ya existe, y subsidiar la comida de los más pobres, así como avanzar en la liberalización del comercio” Pero hay más razones para explicar la fuerte subida en la demanda de alimentos. Destacaría las siguientes: el uso de cosechas para la producción de biocombustibles y las tendencias en Asia como el consumo de yogur y otros productos lácteos de los jóvenes o el incremento del consumo de carne como identificación con el éxito de las nuevas clases medias de los países emergentes. Asimismo, la subida espectacular del precio del petróleo (que ha alcanzado los 120 dólares el barril brent) repercute directamente en los insumos como fertilizantes y herbicidas, que, recordemos, son derivados del petróleo. Afecta también el cambio climático, que provoca sequías e inundaciones. Lógicamente, todo ello se traduce en un incremento significativo de los precios.

Si a todos estos factores se añaden las restricciones a las exportaciones de alimentos que están aplicando países como Argentina, Rusia, Vietnam y Ucrania para –dicen– frenar la inflación y aumentar la recaudación impositiva (a través de retenciones o impuestos) podemos explicar entonces por qué el arroz, alimento básico para medio mundo, vale un 70 por ciento más desde enero de este año.

¿QUÉ SE PUEDE HACER PARA EVITAR HAMBRUNAS?

Si el problema de la subida de precios que afecta a millones de personas no se resuelve habrá hambrunas. En este sentido, lo que hay que hacer es aumentar la oferta mundial de alimentos, mediante la tecnología y la ciencia que ya existe, y subsidiar la comida de los más pobres a través del Programa Mundial de Alimentos (WFP), así como avanzar en la liberalización del comercio. Algo así nos diría hoy uno de los economistas que más admiro: “La crisis entre oferta y demanda podría ser paliada por la humanidad en los próximos años gracias a la ciencia y a la tecnología” John Maynard Keynes (1883-1946), padre del intervencionismo estatal y en gran parte salvador del capitalismo de su autodestrucción.

Keynes decía que había que utilizar medidas fiscales y monetarias activas para hacer frente a períodos de recesión y a crisis cíclicas de la actividad económica. Su publicación más importante, The General Theory of Employment, Interest, and Money, es una de las mayores defensas de la intervención de los gobiernos en la economía para amortiguar los ciclos y estimular la demanda en tiempos de vacas flacas.

Es una falsedad decir hoy que no hay tierras para producir suficientes alimentos. “Los gobiernos tienen que hacer todo lo posible para estimular la producción de alimentos, y no frenarla” La crisis entre oferta y demanda que estamos viviendo actualmente podría ser paliada por la humanidad en los próximos años gracias a la ciencia y a la tecnología, que ya está disponible, además de la que se desarrollará en los próximos años. Existen los conocimientos y la tecnología para producir sustentablemente, con el avance de la biotecnología, a través de métodos conservacionistas, como por ejemplo, la siembra directa, optimizando el uso de la energía solar, etc. Pero el proceso de equilibrar la oferta de alimentos sólo se va producir si existe la decisión política de que el conocimiento y los recursos disponibles se traduzcan en una mayor oferta de alimentos.

REDUCIR LAS DISTORSIONES Y AVANZAR EN LA RONDA DE DOHA

Los gobiernos tienen que hacer todo lo posible para estimular la producción de alimentos, y no frenarla. Mientras tanto, y hasta que los precios se estabilicen, hay que subsidiar la comida de los más pobres, al mejor estilo keynesiano. “Es momento para avanzar en la liberalización del comercio y disminuir progresivamente las barreras arancelarias, cupos y subsidios a la producción de alimentos en los países más desarrollados” Es una necesidad urgente y un imperativo ético.

La agricultura ha sido el tema más controvertido de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (WTO). Los países desarrollados mantienen aranceles, cuotas a las importaciones, elevados subsidios y aranceles por valor de 200.000 millones de euros anuales. Y no quieren ni oír hablar de una posible reducción de los mismos. La Unión Europea, Estados Unidos, Japón son los países que más apoyan a sus agricultores.

Aunque en este momento el desacuerdo entre los países desarrollados y el G20 es evidente, se trata, desde mi punto de vista, del momento para avanzar en la liberalización del comercio y disminuir progresivamente las barreras arancelarias, los cupos, y subsidios a la producción de alimentos en los países más desarrollados, que distorsionan el comercio internacional, para favorecer la producción de alimentos allí donde sea posible, sobre todo en los países emergentes.

LOS BIOCOMBUSTIBLES NO SON EL PROBLEMA

El secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, habló de reducir los subsidios a los biocombustibles. El presidente George W. Bush respondió, por su parte, que sólo una pequeña parte del problema del alza de precios ha sido ocasionada por el mayor uso del suministro de cereales para la producción de etanol.

“Detener o no la producción de biocombustibles no debería ser el tema central a debatir”Lula fue más allá y calificó de absurda la teoría según la cual los biocombustibles son responsables del aumento del precio de los alimentos en el mundo. Algunos quieren atribuir la crisis mundial de alimentos a los biocombustibles. Esa es una distorsión absurda, dijo Lula, que reiteró una vez más su petición para que los países ricos supriman los subsidios.

No puedo estar más de acuerdo con Lula, el presidente de Brasil. Detener o no la producción de biocombustibles no debería ser el tema central a debatir. Hay quienes creen que su producción (derivada de maíz, remolacha, caña de azúcar, etc.) es una oportunidad para los países productores, como Brasil. Otros piensan que destinar alimentos para carburantes es un disparate. Yo pienso que lo que hay hacer es acomodar el comercio internacional para favorecer la producción en los países emergentes, todo ello dentro de la Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio, que es el marco mas adecuado para hacerlo.

Durante décadas Europa, que es ineficiente para producir alimentos, subsidió a sus productores para mantener los precios bajos, justificada por la hambrunas de posguerra. Estados Unidos hizo lo mismo. Todo ello perjudicó la producción en los países emergentes, quitándoles competitividad. Ahora es el momento de priorizar en la producción mundial, subsidiando a quienes más lo necesitan.

El escritor italiano Italo Calvino decía que los autores clásicos tienen esa riqueza, influencia y vigor, que dejan huella y crean un universo con el paso del tiempo. Ese es precisamente el legado de dos lúcidos economistas como John Keynes y Thomas Malthus, que hoy vuelven a estar de moda.