michelle-bachelet2.jpgHay una izquierda socialdemócrata en América Latina que ha dejado atrás esquemas sesentistas y prehistóricos, para insertarse en el mundo globalizado, sin discursos mesiánicos, dice el autor. Flexibilidad y pragmatismo es la tónica del gobierno de Michelle Bachelet en Chile, que ha comprendido que la inversión extranjera, la estabilidad política y la apertura económica son imprescindibles para el éxito.

(Desde Montevideo) CHILE SIGUE DANDO EL EJEMPLO en Sudamérica sobre cómo aprovechar las ventajas que da la globalización económica.

Uruguay acaba de firmar un acuerdo estratégico con Santiago que, entre otras cosas, permitirá a los empresarios uruguayos acceder desde Chile a 56 países en todos los continentes –entre ellos Estados Unidos y la Unión Europea– con los cuales el gobierno de la presidenta Michelle Bachelet tiene firmados Tratados de Libre Comercio (TLC).

“Los TLC criticados por la izquierda tradicional uruguaya y los sindicatos, finalmente se instalaron en el país por una vía indirecta y de la mano del gobierno chileno” Los acuerdos comerciales bilaterales entre Chile y Uruguay, posibilitan la construcción de una relación inédita. Las empresas uruguayas pueden acceder a los mercados abiertos por Chile, utilizando los beneficios comerciales que la nación andina ha logrado. Los empresarios uruguayos pueden asociarse con sus pares chilenos para realizar parte de los procesos productivos cumpliendo con la normativa de orden exigida en los acuerdos comerciales y así, exportar con ventajas, a los mercados de América del Norte, Europa y Asia.

Los TLC criticados por la izquierda tradicional uruguaya y los sindicatos, finalmente se instalaron en el país por una vía indirecta y de la mano del gobierno chileno. Todo depende ahora de la iniciativa de los empresarios.

EL DESARROLLO SE JUEGA EN EL CAMPO ECONÓMICO

La presidenta Bachelet, al igual que sus antecesores de la Concertación de socialistas, democristianos y otros partidos, “Con los discursos no se crea riqueza, no se produce, no se da trabajo, ni salud, ni educación, ni tecnología” supo desprenderse del discurso y la ideología del siglo pasado que atrapa a la mayoría de la izquierda latinoamericana ortodoxa, para convertirse en una de las economías más globalizadas del mundo.

Bachelet entendió que el desarrollo de los países se juega en el campo económico. Con los discursos no se crea riqueza, no se produce, no se da trabajo, ni salud, ni educación, ni tecnología. La inversión extranjera y las economías abiertas son una realidad que debe tenerse en cuenta.

“Los empresarios chilenos han colocado inversiones por más de 40.000 millones de dólares, generando más de 200.000 puestos de trabajo”

Chile hoy, con sus 16 millones de habitantes, tiene acuerdos comerciales vigentes por lo que los importadores, poseen acceso preferencial a más de cincuenta países, lo que se traduce en unos 3.900 millones de consumidores, a los que, en los últimas semanas, se agregó la ratificación del tratado de libre comercio con Perú. En la última década se adicionaron acuerdos comerciales con China, Corea, Japón, India, Singapur y Nueva Zelanda, entre otros.

También culminó las negociaciones sobre un tratado de libre comercio con Australia y se está en proceso de negociación con Turquía, Malasia, Tailandia y Vietnam.

EL BUEN CAMINO

Como producto de esta expansión, los empresarios chilenos mejoraron la competitividad de sus exportaciones. “Chile entendió la lección que muchos gobiernos de izquierda rechazan por estar atrapados en el manual de los marxistas clásicos” Los empresarios chilenos han colocado inversiones por más de 40.000 millones de dólares, fuera de las fronteras del país, generando más de 200.000 puestos de trabajo. La inversión directa chilena en Uruguay alcanza los 480 millones de dólares.

El comercio exterior, representa la piedra angular del desarrollo de los países. En el ámbito de la globalización, la competitividad está estrechamente ligada a quien llega primero y con buenos productos por lo que se debe añadir mayor valor agregado a los productos. Chile entendió la lección que muchos gobiernos de izquierda rechazan por estar atrapados en el manual de los marxistas clásicos.

“Chile logró llevar adelante un nuevo sistema de protección social, que garantiza derechos a todos los ciudadanos, desde su nacimiento hasta su vejez” Chile espera, de acuerdo con la célebre frase del ex presidente Ricardo Lagos, enriquecerse con el comercio entre el Este y el Oeste del mundo, como alguna vez lo hiciera la República de Venecia.

En el ámbito macroeconómico, a pesar de las dificultades internacionales, el gobierno mantuvo las variables macroeconómicas y gracias a las políticas contracíclicas, signadas por un superávit estructural que fue institucionalizado, Chile logró llevar adelante un nuevo sistema de protección social, que garantiza derechos a todos los ciudadanos, desde su nacimiento hasta su vejez.

Contrariamente a lo que sucedió con algunas naciones que, debido a la crisis económica, tuvieron que bajar el gasto social e incluso a disminuir el gasto fiscal durante el año 2008, Chile, se encuentra en condiciones de implementar la reforma provisional, según indican los informes. Claro está que la sociedad chilena no tiene todo resuelto, pero va por un buen camino.

LAS DOS IZQUIERDAS DE AMÉRICA LATINA

Hoy las ideologías no deben frustrar de modo alguno las perspectivas de crecimiento que ofrece el comercio internacional. El dilema para la izquierda es entre la democracia y la modernidad, o el populismo autoritario y cuasi mesiánico que llevan adelante algunos gobernantes izquierdistas.

“La izquierda del pasado cree en un Estado interventor y clientelista, recorta la democracia, desconfía de la globalización, vive en un enfrentamiento constante” Está más que claro que hay dos izquierdas en América Latina. Una aprendió de los errores cometidos tras la experiencia de la Guerra Fría, planteando una vía de corrección de los problemas sociales de sus economías en el marco del modelo de la economía mercado con intervención estatal a través de políticas sociales. En el marco de la política exterior, estos gobiernos creen en la globalización y están fuertemente integrados a ella por medio de tratados de libre comercio y buscan reglamentarla y no condenarla por la vía del multilateralismo.

La otra izquierda, la del pasado, con raíces populistas y nacionalistas, está ligada a las experiencias de los gobiernos de Juan Domingo Perón en Argentina, Juan Velasco Alvarado en Perú, Getulio Vargas en Brasil y Lázaro Cárdenas en México, regida por el fracasado régimen dictatorial cubano que hoy reconoce –tras casi 50 años de poder absoluto– que tiene que cambiar porque su modelo económico no le solucionó los problemas a los cubanos.

Los gobiernos de Chávez, Kirchner, Morales, Correa y Ortega son parte de este grupo. Ellos creen en un Estado fuertemente interventor y clientelista, recortan la democracia, desconfían de la globalización, viven en un enfrentamiento constante dentro y fuera de fronteras. Llevan la política al grado del histericismo, azuzando a la sociedad con discursos apocalípticos que en el fondo lo único que pretenden es dar un ultimátum: o están de mi lado o son mis enemigos.

LO PASADO, MEJOR EN EL PASADO

La lección de Chile llegó a Colombia y Perú, y América Central. Estos países no quieren repetir viejos errores, “Como dijo en Montevideo la diputada Isabel Allende, su padre estaría contento con los TLC” renegando contra el mismo libre comercio que ha hecho más prósperos a otras naciones. Los gobiernos responsables deben poner los intereses nacionales por delante de la nostalgia, la retórica grandilocuente y las ideologías estridentes.

Hay una izquierda socialdemócrata que ha sabido dejar atrás esquemas sesentistas y prehistóricos, para insertarse en el mundo de hoy sin discursos mesiánicos, sin revoluciones armadas, sin violentos piqueteros y sin milicias paramilitares. Flexibilidad y pragmatismo sin retórica es la tónica del gobierno y la democracia chilena.

Como dijo en Montevideo la diputada Isabel Allende, mi padre estaría contento con los TLC. Una lección que muchos políticos de la izquierda uruguaya y latinoamericana todavía no pudieron superar. En la izquierda uruguaya aún conviven esas dos izquierdas, antagónicas en muchos temas. Comienza a ser la hora de las definiciones. ¿Podrán dejar el pasado atrás o seguirán atrapados en viejos discursos fundamentalistas?