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Estados Unidos es partidario de utilizar la fuerza ante el desafío nuclear iraní, aunque George W. Bush, en los últimos meses de su mandato, trata de adoptar una postura más dialogante. La UE es partidaria de la cultura de la paz, y trata de emplear a fondo las sanciones económicas, no con demasiado éxito.

(Desde Madrid) LA ÚLTIMA RONDA DE NEGOCIACIONES entre el responsable de la política exterior europea, Javier Solana, y el negociador iraní en materia nuclear, Said Jalili, celebrada hace unos días en Ginebra, recuerda extrañamente el inusual nerviosismo de los años 70, cuando el Sha de Persia declaró que el Irán acabaría teniendo armas nucleares.

Corrían otros tiempos: el rey de los reyes, fiel aliado de Washington, llevaba más de dos décadas desarrollando un ambicioso programa atómico, que contaba con el aval político y el apoyo financiero de Estados Unidos. “Quien hubiese podido imaginar, allá por los años 70 del pasado siglo, que la amenaza iba a regresar” Aún así, los escritores de política-ficción no dudaron en imaginar un guión catastrofista, en el cual el Sha, al borde de una depresión, decide emplear el arsenal atómico persa para… destruir la región de Oriente Medio.

Curiosamente, los expertos del Pentágono y de la CIA no tardaron en hacerse eco de los temores de los literatos. El Sha acabó convirtiéndose en la inconfesada pesadilla de los estrategas occidentales. Su derrocamiento, en 1979, fue acogido con júbilo: el peligro nuclear se había desvaneciendo…

Quien hubiese podido imaginar, allá por los años 70 del pasado siglo, que la amenaza iba a regresar. Esta vez, de la mano de un detractor del gran Satán estadounidense, de un radical islámico criado en la euforia de la revolución jomeininsta, que emplea la terminología del viejo ayatolá, sin ser plenamente consciente del significado de los mensajes enviados por Jomeini a su pueblo.

UNA DE LAS GRANDES AMENAZAS PARA OCCIDENTE

Cuando Mahmud Ahmadineyad alude a la destrucción de Israel o a la necesidad de utilizar el arma del petróleo para someter a Occidente, se limita, en realidad, a retomar los últimos párrafos del programa político de Jomeini, divulgado en la capital persa pocas semanas antes de la caída del régimen imperial. Nada nuevo bajo el sol: las ideas son las mismas. “La opción barajada por los Estados Unidos se identifica con la llamada cultura de la muerte, es decir, con uso de la fuerza” Con la única diferencia de que al anciano ayatolá se le tomaba en serio, mientras que al actual presidente iraní se le suele tildar de político inestable.

Aunque a Ahmadineyad se le acusa de haber resucitado el programa nuclear iraní, los expertos concuerdan en que la decisión de reanudar las investigaciones fue tomada por el ex presidente Rafsanjani, un clérigo pro-occidental consciente de la necesidad de aprovechar a fondo las ventajas de la energía atómica.

El antiamericanismo de Ahmadineyad, el odio que profesa al Estado de Israel, su afán de protagonismo, acabaron convirtiendo el controvertido programa nuclear persa en una de las grandes amenazas para la civilización occidental. Ficticia o real, dicha amenaza podría materializarse si las potencias del primer mundo no logran establecer un modus vivendi con la actual cúpula político-religiosa de Teherán.

“Las empresas de las principales potencias industriales del Viejo Continente están involucradas en el programa nuclear” La opción barajada hasta ahora por los Estados Unidos se identifica con la llamada cultura de la muerte, es decir, con uso de la fuerza. También es cierto que en los últimos meses de su mandato, George W. Bush trata de adoptar una postura más dialogante. Los neocon que rodeaban al presidente parecen haber abandonado el navío. Aún así, Bush sería capaz de lanzar un ataque contra Irán en las últimas semanas de su estancia en la Casa Blanca.

Los europeos, partidarios en su gran mayoría de la cultura de la paz, es decir, de la solución negociada de los conflictos, han endurecido últimamente su postura frente a Irán. Huelga decir que la última oferta formulada por Solana en Ginebra –paralización durante seis meses del programa nuclear persa a cambio de la suspensión de las sanciones económicas decretadas por Naciones Unidas– no contiene elementos novedosos.

SORTEAR LOS OBSTÁCULOS DEL CHOQUE DE CIVILIZACIONES

Si bien es cierto que algunos sectores del establishment político persa parecen más propensos a adoptar una postura flexible y que la tregua sugerida por Solana “La clave está en la capacidad, en nuestra capacidad de sortear los no siempre insalvables obstáculos del choque de las civilizaciones” permitiría ganar tiempo para encontrar una solución diplomática, es obvio que la plana mayor del Gobierno iraní no está dispuesta a apostar por esta baza. Y ello, por la sencilla razón e que se siente humillada y engañada por los interlocutores occidentales. De hecho, los ofrecimientos de los europeos obedecen más bien a motivaciones puramente mercantilistas. Las empresas de las principales potencias industriales del Viejo Continente están involucradas en el programa nuclear. Obviamente, no hay que renunciar a los beneficios económicos sin exigir contrapartidas.

La UE trata de emplear a fondo las consideraciones de índole económica, ofreciendo al régimen iraní su apoyo para la accesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC). Una oferta generosa, según la Comisaria europea de Relaciones Exteriores, Benita Ferrero-Waldner, que los radicales islámicos no dudan en equiparar a un… mero chantaje. Los occidentales parecen haber olvidado que la antigua y gloriosa civilización persa dejó su impronta en la región.

Europa podría aportar soluciones más aceptables a la crisis recurriendo a su vasto legado cultural. Porque en este caso concreto, la clave está en la capacidad, en nuestra capacidad de sortear los no siempre insalvables obstáculos del choque de las civilizaciones.