medputin.jpgEl error europeo respecto a las últimas acciones rusas en el Cáucaso se deriva de su incapacidad para articular una posición sólida y acorde con sus intereses. Moscú desea diversificar su economía y no limitarse a ser un mero proveedor de energía, y en este sentido Bruselas tiene elementos para negociar. Si no los aprovecha, Rusia terminará reorientando su suministro energético hacia Asia, dice el autor.

(Desde Madrid) UNO DE LOS ASPECTOS más significativos del actual conflicto en el Cáucaso es la sucesión de errores cometidos por los principales actores involucrados. Entre los más graves, en primer lugar hay que situar por su carácter detonador, el cometido por el presidente georgiano al optar por la vía militar y, consideraciones éticas y humanitarias aparte, no haber realizado un mínimo análisis prospectivo de las posibles respuestas rusas.

El hecho de que las Fuerzas armadas georgianas no fueran capaces ni de resistir cuatro horas el envite ruso unido a la incapacidad de Triblisi para recabar apoyos diplomáticos sólidos son sintomáticos de su falta de previsión, más allá de la confianza depositada en una rápida victoria militar.

“Rusia ha sido incapaz de recabar un apoyo sólido por parte de sus socios tanto en la OCS como en la OTSC” Rusia, por su parte no le ha ido a la zaga en sucesión de errores. Sin duda, el error de Saakashvili proporcionó a Moscú la oportunidad soñada para dar un golpe de mano en el Cáucaso. No obstante, una aplastante victoria militar se ha convertido en un atolladero político para el Kremlin.

Por un lado, la figura del presidente Medvedev se ha visto debilitada ante el rol protagonista del primer ministro Putin. Por otro lado, y esto es más relevante, la desmedida respuesta rusa y su incapacidad para gestionar diplomáticamente la crisis no han fortalecido su posición en el espacio postsoviético, sino que por el contrario la han debilitado. Así, Rusia ha sido incapaz de recabar un apoyo sólido por parte de sus socios tanto en la Organización de Cooperación de Shangai (OCS), que incluye a China, Rusia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, como en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), formada por Rusia, Armenia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán.

EL APOYO MESURADO DE LA OCS

En primer lugar, el presidente Medvedev trató de conseguir respaldo internacional a su posición en el Cáucaso en la cumbre anual de jefes de Estado de la OCS celebrada en Dushanbe el pasado 28 de agosto. No obstante, dentro de los catorce puntos de la declaración final de la cumbre, sólo uno se ocupa de la cuestión de Osetia del Sur y supone un apoyo muy mesurado a la posición rusa.

“Tanto los dirigentes centroasiáticos como los chinos son muy sensibles ante cualquier movimiento irredentista y especialmente reacios a cualquier modificación fronteriza” En dicho artículo se exhorta a las partes implicadas a resolver las diferencias pacíficamente a través del diálogo y, como única concesión a Rusia, se celebra el acuerdo de seis puntos firmado por ambas partes y se apoya el activo papel de Rusia en promover la paz y la cooperación en la región. Sin embargo, en el punto primero de la declaración se insiste en el compromiso de la OCS con el principio del respeto de la integridad territorial de los Estados.

La OCS, conviene recordarlo, tiene en la lucha contra el separatismo uno de sus tres pilares conceptuales; y en el respeto de la soberanía y la integridad territorial (de sus miembros) parte de sus fundamentos normativos. Además, tanto los dirigentes centroasiáticos como los chinos son muy sensibles ante cualquier movimiento irredentista y especialmente reacios a cualquier modificación fronteriza por cuanto consideran que podrían ser víctimas de un fenómeno similar dentro de sus propias fronteras.

De hecho, el temor al independentismo uigur en la región de Xinjiang fue el catalizador para que Beijing promoviera la creación de la propia OCS. De ahí que resulte un tanto sorprendente que Moscú trate de recabar apoyos para la secesión de Osetia del Sur en un foro que fue creado, precisamente para combatir fenómenos de esa naturaleza.

MOSCÚ-ASTANÁ: JUNTOS PERO NO REVUELTOS

El intento de buscar tal apoyo en Kazajstán, donde la minoría rusa es todavía percibida como uno de los riesgos potenciales para la integridad territorial y la cohesión del país es aún más significativo del erróneo análisis efectuado por Moscú. “Pese a la dependencia y estrecha relación que se mantiene con Moscú, es impensable un apoyo kazajo entusiasta” Los rusos étnicos representan más de un 30 por ciento de la población de Kazajstán y, además de en la ciudad de Almatí, se concentran en la zona septentrional del país fronteriza con Rusia, donde son la población mayoritaria.

Durante los años inmediatamente posteriores a la independencia, los posibles movimientos irredentistas de rusos étnicos y la posibilidad de que fueran apoyados por Moscú era el principal temor de las autoridades kazajas. Las posibilidades de que tal fenómeno tuviera lugar siempre fueron escasas, pero la retórica de algunas figuras rusas destacadas como por ejemplo, el tan añorado por la misma prensa que ahora fustiga a Rusia Solzhenitsin, quien reclamaba abiertamente la incorporación de estos territorios a la Federación Rusa; o sucesos como el ocurrido en noviembre de 1999 cuando un grupo de rusos étnicos proclamaron en Ust-Kamenogorsk la república rusa del Altai, agudizaban los temores del gobierno kazajo.

Efectivamente, el traslado de la capital a Astaná, en la zona norte del país, tenía como primer objetivo consolidar el dominio kazajo sobre esta zona frente a hipotéticas apetencias de Moscú. Por ello, una Rusia asertiva en estas materias despierta los peores temores en Astaná y, pese a la dependencia y estrecha relación que se mantiene con Moscú es impensable un apoyo kazajo entusiasta.

EL ESPACIO POSTSOVIÉTICO

Por su parte, el fracaso en la OTSC resulta aún más significativo de las suspicacias que despierta entre sus propios socios la posición de fuerza adoptada por Rusia. Así, a pesar de su rol central y liderazgo en este foro, el Kremlin no ha podido más que recabar un tímido respaldo en la reunión de ministros de Asuntos Exteriores celebrada en Moscú el pasado 4 de septiembre. De hecho, en la declaración resultante del encuentro se retoma la fórmula empleada en la declaración de Dushanbe de la OCS (donde Moscú tiene el contrapeso de Beijing) y meramente se respalda el activo papel de Rusia en promover la paz y la cooperación en el Caúcaso.

De esta manera, Rusia no ha visto fortalecido su posición en el espacio postsoviético y ha comprobado el escaso entusiasmo que existe entre sus socios más cercanos por una dinámica de confrontación con la Unión Europea y Estados Unidos. “Las repúblicas centroasiáticas no son partidarias de la creación de bloques enfrentados y menos de encuadrarse en uno de ellos”

Para los autócratas centroasiáticos en general, cierta rivalidad y competencia entre los grandes actores es positiva porque fortalece sus posiciones y los previene de una excesiva dependencia y de molestas presiones externas, fundamentalmente en materia de derechos humanos y democratización. Sin embargo, una rivalidad desmedida comporta muchos riesgos y escasas ventajas para las débiles repúblicas centroasiáticas que, en buena medida necesitan el apoyo técnico y financiero de Occidente para garantizar su propio desarrollo y la cooperación con Rusia para garantizar su seguridad. Por ello, las repúblicas centroasiáticas, más allá de sus posiciones específicas, no son partidarias de la creación de bloques enfrentados y mucho menos de encuadrarse en uno de ellos.

Asimismo, la percepción de una Rusia en la que renacen las aspiraciones imperiales, aunque sea únicamente desde un punto de vista retórico, les resulta especialmente incómoda e inquietante con respecto a su propia soberanía. China, por su parte, concentrada en su desarrollo, tampoco desea ningún escenario de ese tipo y es improbable que contribuya a la consolidación de una dinámica de tensión y enfrentamiento. Pero, y esto es lo más paradójico, tampoco parece que Rusia tenga mucho que ganar en una revitalización de la dinámica de guerra fría.

INTERDEPENDENCIA CON LA UNIÓN EUROPEA

El gusto de Moscú por la retórica agresiva no puede enmascarar la realidad de que las propias elites cercanas al Kremlin fundamentan su poder en la relación con Occidente en general y con la UE, en particular. “Es la incapacidad de la UE para articular una voz común en materia energética, y no una hábil y pérfida estrategia rusa, la que debilita la posición europea frente a Moscú” Además, estas mismas elites que se supone buscan una confrontación con Occidente son las que más disfrutan de los beneficios y lujos occidentales.

Así, todo parece indicar que más allá del deseo de responder contundentemente al ataque georgiano y lanzar un claro mensaje sobre los límites que considera infranqueables con relación a su seguridad e intereses estratégicos en las áreas fronterizas, Rusia actúa de forma reactiva y carece de una estrategia clara y coherente. No obstante, son muchos en la Unión Europea los que creen, por el contrario, que Moscú busca de forma consciente y racional un enfrentamiento con Occidente para el que, además no va a dudar en emplear su arma energética especialmente contra la dependiente UE.

En este punto, es donde se producen los mayores errores de apreciación por parte europea, ya que la relación actual con Rusia es, por el contrario y como apunta Sánchez Andrés, de interdependencia económica, y porque, por otro lado, es la propia incapacidad de la Unión para articular una voz común en materia energética (derivada en parte, de la liberalización del sector del gas dentro de la propia en UE), y no una hábil y pérfida estrategia rusa, la que debilita la posición europea frente a Moscú en esta materia.

BRUSELAS, PRINCIPAL SOCIO COMERCIAL

La sola mención de algunos datos permite comprender perfectamente esta situación. “El comercio bilateral supuso sólo en 2006 un volumen de negocio superior a los 200.000 millones de euros” Así por ejemplo, Rusia provee algo más de un 26 por ciento del gas natural consumido en la UE de tal forma que la dependencia europea debe ser matizada por países, pero es que además, para Rusia las exportaciones a la Unión suponen casi un 85 por ciento de sus exportaciones totales de gas natural y su principal fuente de divisas.

Asimismo, este suministro se realiza fundamentalmente a través de gasoductos lo que compromete tanto al comprador como al vendedor, cuyas disputas difícilmente pueden abstraerse de la dependencia mutua determinada por las infraestructuras existentes. Por otro lado, el comercio bilateral supuso sólo en 2006 un volumen de negocio superior a los 200.000 millones de euros y la UE es el principal socio comercial para Rusia y representa más de un 50 por ciento de su comercio exterior.

“La imposición de sanciones sería contraproducente para ambas partes y fortalecería las corrientes más agresivas dentro de los círculos de poder cercanos al Kremlin” A pesar de todo esto, determinadas inercias informativas y analíticas, elevadas a la categoría de dogmas contribuyen a la fijación de la idea de los intereses completamente divergentes entre la UE y Rusia y el inevitable conflicto entre ambos. Por ello, no está de más indicar que Rusia ha sido históricamente una fuente de suministro energético fiable (incluso en plena Guerra fría) y hasta la fecha, nunca ha amenazado con cortar el suministro a la UE o incumplir los acuerdos de abastecimiento suscritos. No obstante, las capitales europeas más proclives a buscar soluciones negociadas y un marco de interacción amistoso con Rusia reciben severas críticas por contemporizar con una Rusia revisionista, lo que lleva a algunos a trazar analogías históricas sin ningún fundamento sólido y que en otros escenarios como Irak han tenido funestos resultados.

POSIBLES CONSECUENCIAS DE UNA RARA RELACIÓN

El error europeo no se deriva de la no imposición de sanciones o no adopción de una línea dura contra Moscú, sino de la incapacidad de la Unión para articular una posición sólida y coherente acorde con sus intereses. Conviene recordar que la idoneidad de una política o determinadas medidas se mide por sus resultados y parece bastante evidente que la imposición de sanciones, dada la interdependencia existente, sería contraproducente para ambas partes, pero sobre todo fortalecería las corrientes más agresivas dentro de los círculos de poder e influencia cercanos al Kremlin en lugar de aplacarlas.

De esta manera, la UE tiene la necesidad perentoria de disponer de un pensamiento estratégico propio que le permita aprovechar inteligentemente sus fortalezas para atraer a Moscú hacia su ámbito de decisión. Si bien Rusia aspira a jugar un papel central en la geopolítica energética global, también busca reducir su dependencia con respecto a este sector y no limitarse a ser un mero proveedor de materias primas energéticas.

Y en este deseo por diversificar su economía, la UE es de interés vital para Moscú. Es decir, que Bruselas también tiene elementos con los que negociar e influir y asegurar así su suministro energético. No obstante, el resultado del enrarecimiento de la relación y los malentendidos entre Bruselas y Moscú es una aún tenue, pero progresiva, reorientación energética de Rusia y con ella de Asia central, hacia los mercados asiáticos, lo que actúa en claro detrimento de los intereses europeos, tanto en lo referente a la disponibilidad de materias primas energéticas como en relación a sus precios.