obamamanoenalto.jpgLa renovación de las infraestructuras, la aplicación de una industria verde y eficiente y la mejora del sistema de salud y seguridad social: son los 3 pilares de la economía política de  Obama para dar respuesta a la crisis. ¿Los riesgos? generar un déficit público excesivo y añadir más dificultades a su gestión, dicen los escépticos.

(Desde Madrid) RAHM EMMANUEL, EL MERCURIAL jefe de gabinete del presidente Obama, ha acuñado la doctrina que seguramente guiará la actuación de la Casa Blanca durante los próximos cuatro años: no malgastemos la oportunidad de una crisis para hacer lo que no se ha podido hacer antes.

La referencia intelectual obamita es el New Deal. Pero sólo aparentemente. La situación histórica es bien distinta y las condiciones y características de la crisis sensiblemente diferentes. “Obama trata de sacar las mejores lecciones del New Deal, del instinto del presidente que las impulsó”

F. D. Roosevelt aprovechó el trauma que la sociedad norteamericana vivió en el arranque de la década de los treinta del siglo pasado, para poner en funcionamiento una arquitectura social hasta entonces desconocida en el país.

Hace treinta años, el segundo choque petrolero de los setenta provocó la depresión más grave en décadas. Los neoliberales vieron también en esa crisis la oportunidad para enterrar el modelo vigente en Occidente desde el final de la segunda guerra mundial.

MODERNIZAR DEFINITIVAMENTE

Ahora estamos ante otro de esos momentos de encrucijada. Obama trata de sacar las mejores lecciones del New Deal, pero no de las recetas, sino del instinto del presidente que las impulsó. “Treinta años de hegemonía neoliberal, dificultan la ruptura con la visión global del sistema económico norteamericano”

Entre las muchas consideraciones y analogías que han podido leerse estos días, la de mayor oportunidad política tiene que ver con la intensidad con la que se adopten las medidas escogidas. Se reprochó a Roosevelt en su momento que no se atreviera a profundizar en el cambio y se dejan sentir ya los temores a que Obama incurra en errores similares.

Los medios progresistas –sociales, mediáticos e intelectuales– piden a Obama que no se deje amedrentar por el sesgo centrista de la mayoría de sus consejeros económicos y consolide una agenda que modernice definitivamente al país en materia de derechos y servicios sociales. “El rescate del sistema financiero se solapa con el programa de estimulo económico”

Treinta años de hegemonía neoliberal, más o menos atemperada durante los años de Clinton, dificultan la ruptura con la visión global del sistema económico norteamericano y, por extensión, de Occidente en su conjunto.

De ahí que, constatadas las insuficiencias de las soluciones ortodoxas al barrizal financiero, se empiece a hablar, por ejemplo, cada de una eventual nacionalización parcial del sistema bancario y de la recuperación del papel esencial del Estado en la dinamización económica.

POSIBLES PILARES DE LA ECONOMÍA POLÍTICA

“El mensaje de apoyo comprometido y decidido a Main Street sin olvidarse de salvar lo salvable de Wall Street, no es sólo una opción económica, sino política” No es casualidad que las opciones más rupturistas se planteen en los países anglosajones, los más influidos por la ortodoxia neoliberal. En Gran Bretaña, el primer ministro, Gordon Brown, ha adoptado ya decisiones que equivalen en la práctica, si no en la doctrina, a una solución pública para buena parte de la banca privada. Profundamente corroída por los excesos desreguladores y la burbuja hipotecaria, entidades crediticias aparentemente solventes hace unos años se han desplomado, literalmente.

En Estados Unidos, el rescate del sistema financiero se solapa con el programa de estimulo económico. Obama quiere demostrar con hechos que el gobierno interviene para salvar a la clase media –familias y empresas pequeñas y medianas– y no sólo sacar a los bancos de los apuros en que han caído, muchos de ellos por su propia irresponsabilidad.

Este mensaje de apoyo comprometido y decidido a Main Street (esto es, al individuo de la calle), sin olvidarse por completo de salvar lo salvable de Wall Street, no es sólo una opción económica, sino política; es decir, es la recuperación de la economía política como elemento clave de la acción de gobierno. Por si sola, esta posición de la nueva administración constituye ya un cambio de significación histórica, porque liquida, al menos de momento, la herencia de las reaganomics, en todas sus formas.

“Los defensores de la universalidad de la atención sanitaria defienden que garantizar a todos los norteamericanos el acceso a una salud de calidad puede ser un estimulo” Los tres pilares sobre los que Obama puede construir su economía política del siglo XXI son:

– La renovación de las infraestructuras físicas y electrónicas, que permita modernizar carreteras e instalaciones básicas de servicio público, pero también dotar al país de la más avanzada red de conexión de telecomunicaciones.

– La puesta en marcha de una industria limpia, verde, edificada sobre un concepto de eficiencia, basado en el desarrollo de las energías renovables y no en el consumo desmesurado de las fuentes convencionales

– La mejora sustancial del sistema de salud y seguridad social, siempre necesario, pero en este momento especialmente acuciante por cuanto que en Estados Unidos la pérdida del empleo lleva aparejada, en la inmensa mayoría de los casos, la privación de la atención sanitaria.

De esta triada de desafíos, Obama está dispuesto a afrontar con carácter inmediato los dos primeros, pero parece dudar sobre el tercero, por temor a generar un déficit público excesivo y añadir más dificultades a su gestión.

ESTRATEGIA DE CRECIMIENTO

Los ardientes defensores de la lucha por la universalidad de la atención sanitaria, como el reciente Premio Nobel Paul Krugman, “Los asesores de Obama consideran que pretende que China continúe soportando este esfuerzo al detentar gran parte de la deuda norteamericana” han combatido estos días las cautelas levantadas por buena parte del círculo de asesores del presidente y defienden apasionadamente que garantizar a todos los norteamericanos el acceso a una salud de calidad no sólo es económicamente viable, sino que puede ser un estimulo positivo para fortalecer la estrategia de recuperación del crecimiento.

A pesar del tiento con que la administración está procediendo, la oposición republicana, aunque debilitada y en proceso de reconstrucción de su identidad, ha preferido negarle a Obama el apoyo en la Cámara Baja: ni uno solo de sus legisladores ha votado a favor del programa de estímulo económico, acompañados, por cierto, de algunos demócratas denominados fiscalmente prudentes.

El principal argumento de estos escépticos reside en la amenaza del incremento del déficit público, aunque no tuvieron tantos escrúpulos cuando la administración Bush comprometió la capacidad deudora del país con el más fabuloso programa de rearme desde la segunda guerra mundial.

Los asesores de Obama y algunos expertos ajenos al Gobierno consideran que el presidente pretende que China, por su propio interés, continúe soportando y avalando este esfuerzo al detentar gran parte de la deuda norteamericana.