onu.jpgContar con unas Naciones Unidas sólidas y con prestigio, aunque de momento su actuación sea limitada, incluso modesta, constituye uno de los elementos clave para un futuro mejor.

(Desde Barcelona) CON SU CREACIÓN EN 1945, las Naciones Unidas favorecieron unas expectativas de prevención y de resolución de conflictos que después parece que no se hayan cumplido. La Carta fundacional hablaba de salvar a las generaciones sucesivas de la plaga de la guerra. Sin embargo, la segunda mitad del siglo XX y los inicios del siglo actual han presenciado numerosos conflictos bélicos.

Visto el contraste existente entre el objetivo y la evolución de la política práctica en los casi sesenta años de existencia, parecería que estamos frente a una organización valiosa pero inoperante. Sin embargo, creo que esta percepción resulta inadecuada.

Una primera cuestión estriba en ver que es lo que en realidad falla, si la realidad o algunas expectativas poco motivadas. Una segunda cuestión consiste en ver cómo han ido cambiando las actuaciones de la organización en los últimos años, así como sus expectativas de futuro.

UNA ORGANIZACIÓN DE CALADO POLÍTICO

“La institución del Consejo de Seguridad y de los poderes de veto de sus miembros permanentes ejemplifica, mejor que la Asamblea General, la lógica de la organización desde sus tiempos fundacionales” Desde su fundación hasta el final de la guerra fría, la ONU fue una organización internacional presidida por la rivalidad entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. Muchas veces su Asamblea General actuó como altavoz de las disputas estratégicas de estas dos potencias. Así, desde sus mismos inicios, la ONU no se configuró como una especie de núcleo de gobierno mundial de carácter multilateral, sino como una organización de Estados a la que no se permitía actuar al margen de las grandes potencias.

Más que tratarse de una contradicción inherente, ello reflejó más bien la lógica que hizo posible el nacimiento de esta organización internacional, aprovechando el empuje de la victoria de los aliados en la segunda guerra mundial. Ni el partido comunista de la Unión Soviética ni el Congreso americano hubieran permitido unas naciones unidas que actuaran sin el acuerdo de las potencias fácticas. La institución del Consejo de Seguridad y de los poderes de veto de sus miembros permanentes ejemplifica, mejor que la Asamblea General, la lógica de la organización desde sus tiempos fundacionales. Pero a pesar de todo, se trata de una organización de calado político y una apuesta en pro de unas relaciones internacionales que no se hallen presididas en exclusiva por el uso de la fuerza.

LA DIVERSIDAD INTERVENTORA DE LOS NOVENTA

Los años noventa, con la finalización de la guerra fría, pueden considerarse para la ONU un período de transición en relación a las grandes intervenciones –aquéllas que repercuten en varios países a la vez–, y un período de reformulación en relación a las actuaciones que afectan a un solo país. “En el imaginario de los últimos años destacan el 11 de septiembre del 2001, Irak y de Afganistán, los conflictos africanos (Darfur, Congo, etcétera), y el calentamiento global y la degradación ecológica mundial”

Además de legitimar, creo que acertadamente, la intervención en la primera guerra del Golfo (1991), en dicha década las Naciones Unidas llevaron a cabo una serie de actuaciones ciertamente no demasiado boyantes, por ejemplo en Somalia, en la ex Yugoslavia y en Ruanda. Pero también realizaron participaciones exitosas en la resolución de conflictos complicados, como en Timor, Bosnia o Kosovo. Se profundizó, además, en políticas de promoción práctica de los derechos humanos en contextos presididos poco antes por conflictos violentos (Guatemala, El Salvador), así como en políticas de protección de gran número de refugiados, y de respaldo de procesos electorales (Namibia, Nicaragua).

El tipo de intervenciones fue más diverso que en los tiempos de la guerra fría. Algunas de ellas quizás no han sido espectaculares, pero han resultado eficaces y han estado dotadas de una carga ética en favor de la paz, la seguridad y la solidaridad.

EL SIGLO XXI Y EL MULTILATERIALISMO

“En la primera década del siglo, el multilateralismo entre las principales potencias ha tendido a desvanecerse. Y las Naciones Unidas han vuelto a constatar sus límites en tiempos de guerra” Con el nuevo siglo se inició otra etapa. En el imaginario de los últimos años destacan cuatro nombres: el 11 de septiembre del 2001, las guerras de Irak y de Afganistán, los conflictos africanos (Darfur, Congo, etcétera), y el calentamiento global y la degradación ecológica mundial.

Han aparecido nuevos temas en la agenda política, nuevos actores, nuevas redes y nuevas formas de movilización política. Las nuevas tecnologías presidieron tanto la guerra de Irak como las globalizadas movilizaciones en su contra.

En la primera década del siglo, el multilateralismo entre las principales potencias ha tendido a desvanecerse. Y las Naciones Unidas han vuelto a constatar sus límites en tiempos de guerra. Pero creo que sería un error entender que ello representa un fracaso de su cometido. Como de cualquier organización, de las Naciones Unidas cabe esperar cosas que no se encuentren más allá de sus posibilidades estructurales.

La ONU no puede implementar una política como la de las grandes potencias. Se trata de una organización para la paz, en el doble sentido de ser impulsora de la resolución no violenta de los conflictos, y de ser una entidad capaz de gestionar los períodos de postguerra.

GLOBALIZACIÓN DE LOS VALORES ÉTICOS

“Tan necesario es atender a una conveniente lógica multilateral con vocación de futuro, como atender, guste o no, a las exigencias de una realpolitik pilotada por los Estados hegemónicos” La apuesta consiste en introducir la multilateralidad en la prevención y gestión política de la paz. Ello significa mucho más que la de ser una mera agencia de ayuda humanitaria. El siglo XXI no será siempre el siglo de Estados Unidos.

Contar con unas Naciones Unidas sólidas y con prestigio, aunque de momento su actuación sea limitada, incluso modesta, constituye uno de los elementos clave para un futuro mejor de la humanidad.

En los próximos meses veremos cual es la actitud de la nueva administración americana en este ámbito. No es una decisión fácil: tan necesario es atender a una conveniente lógica multilateral con vocación de futuro, como atender, guste o no, a las exigencias de una realpolitik pilotada por los Estados hegemónicos.

En la Grecia clásica, Calicles ya estableció que la justicia sólo era una necesidad de los débiles. Los fuertes no la necesitan. Y tal como nos recuerda Tucídides en el diálogo entre los melios y los atenienses, en el cálculo humano, la justicia solo se plantea entre fuerzas iguales. Pero existen miradas distintas.

Superar la visión de estado de naturaleza, aún vigente en buena medida en el ámbito internacional, es un deber de las democracias liberales desarrolladas, por el mero hecho de ser lo que son. La ONU es la organización que representa la globalización de los valores éticos compartidos. Algo por lo que cualquier política progresista debería apostar.