Toda esta patología que sufren nuestras naciones se da en un contexto regional marcado por instituciones aún débiles, que muchas veces se ven infiltradas y jaqueadas por el corrupto poder de los carteles vinculados con el tráfico de drogas; ante la incapacidad en algunos casos de enfrentar su poderío tecnológico, económico e incluso su creciente capacidad de fuego.
El incremento de la violencia de los carteles de droga mexicanos, que generó en lo que va del año más de 6.000 asesinatos (un promedio de más de 20 por día), superando los 5.630 (15 por día) de todo 2008, es un disparador para un debate, que no debe olvidar la lucha que aún lleva adelante Colombia o el peligroso resurgimiento de este flagelo en otros países.
La impunidad despertó indignación mundial. Algunos de los responsables de investigar dijeron que estas cosas pasan porque cuando fueron violadas, torturadas y asesinadas “no iban precisamente a la iglesia”, que “las chicas buenas están en casa”, y que la culpa la tiene “el vestir con minifaldas”.
Tras haber sido capaces de organizar y celebrar en un clima de absoluta tranquilidad, constatada transparencia e impoluta normalidad las elecciones presidenciales, generales y locales, tal como estaba previsto desde antes del comienzo de la crisis política, las nuevas autoridades de Tegucigalpa comienzan a cosechar notables éxitos en la escena internacional: el reconocimiento de la legitimidad democrática de los comicios, junto con el regreso de los embajadores a la capital hondureña, auguran el final del “largo invierno” a que habían sido condenados sin apenas escucharles y el comienzo de un nuevo ciclo político.
El progresismo en el Uruguay no sólo volvió a triunfar, sino que además se profundiza. La primera gran sorpresa, se llevó a cabo el pasado 28 de junio, cuando en las internas abiertas del gobernante partido Frente Amplio, se impuso José “Pepe” Mujica, un dirigente popular, ubicado –hasta el momento, al menos- a la “izquierda” del presidente Tabaré Vázquez, que en su larga vida política –ente otras cosas- sufrió catorce años de prisión –a pesar de haberse escapado en dos ocasiones- por haber militado en las filas del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros.
Conociendo su línea anti-israelí, que parece ser en su caso la cara pública de un no siempre disimulado antisemitismo, el lector u oyente promedio de los diarios y noticieros, puede estar seguro de que Chávez defiende los derechos palestinos y desea su bien. Pero a nuestro modo de ver, el resultado es otro.
Así como la década del ‘90 nos dejó liderazgos anómalos pero prolongados como los de Boris Yeltsin, Carlos Menem o Alberto Fujimori, la primera década de este siglo será estudiada también por las características de ciertos líderes que definieron, desde su propia excentricidad y con sus notorias diferencias, otra clase de anomalías prolongadas. Década contra década, habrá que colocar en este último registro a Vladimir Putin, Néstor Kirchner, Hugo Chávez y acaso también Alvaro Uribe.
El pasado 30 de octubre las fuerzas de seguridad peruanas detuvieron en un restaurante limeño al suboficial peruano Víctor Ariza. Está acusado de espiar desde 2002 a la Fuerza Aérea Peruana (FAP) -cuerpo del que es miembro – y pasar la información al Gobierno Chileno. Cuando el caso se conoció los presidentes peruano, Alan García, y chilena, Michelle Bachelet, participaban en la última Cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), en Singapur. García manifestó su incomodidad con el suceso y abandonó antes de lo previsto la cita internacional.
También para sentar las bases que deben guiar sus relaciones bilaterales en esta nueva etapa. La confirmación de la positiva atmósfera que rodea las relaciones sino-estadounidenses no oculta, sin embargo, la subsistencia de desacuerdos importantes tanto en la agenda inmediata como futura. China se ha inhibido frente a la solicitud de garantías estratégicas respecto a la no afectación mutua de los intereses centrales de cada país, recordando que su primera prioridad es completar un proceso de modernización aquejado aun de grandes taras y que le exige el máximo de atención a sus circunstancias internas.
Aunque los peores pronósticos se habían conjurado para que el callejón sin salida hondureño degenerase en un escenario apocalíptico, tal como anunciaban algunos analistas que confundían el deseo con la realidad, el desarrollo de la campaña electoral y la ausencia de incidentes serios en los días previos a los comicios hacen presagiar luz al final del túnel.








