El siglo XXI ha traído un panorama muy distinto al del optimismo feliz de los años noventa del siglo pasado; se trata de una nueva fase de redistribución del poder donde existen ya puntos de posibles conflictos entre las potencias hegemónicas.
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En América Latina, la crisis significa reducción de exportaciones, bajada de los precios de los commodities, disminución de las inversión extranjera y caída de las remesas de los inmigrantes. ¿El resultado? 15 millones de pobres más, superando ampliamente los 200 millones de pobres.
Cabría preguntarse si mediante una fórmula más política reforzada por acciones militares, al estilo de la aplicada en Chad en 2004, la presencia internacional en Afganistán resultaría más efectiva. Quizá éste sea el modelo por el que apostar: asistencia desde la retaguardia y dejar el protagonismo de las acciones más arduas del combate a las fuerzas regulares del país.








